El filósofo alemán Karl Marx
decía que cuando la Historia se repite lo hace en forma de farsa. Lo digo,
porque se habla de una disolución CONSTITUCIONAL del Parlamento al cumplirse veintitrés
años del golpe de estado del 05 de abril de 1992.
Todo empezó el lunes 30 de marzo
cuando, inesperadamente, la oposición del APRA y el fujimorismo lograron
conseguir el apoyo de Solidaridad Nacional, el Partido Popular Cristiano,
Alianza para el Progreso, Acción Popular, la pequeña izquierda radical y
disidentes o díscolos del Partido Nacionalista y Perú Posible para aprobar una
moción de censura que sacó de la Presidencia del Consejo de Ministros a la
congresista Ana Jara, puso en aprietos enojando al Presidente de la República y
causó una breve crisis ministerial.
Contundentes 72 votos en la
Cámara acabaron con la ineptitud de Jara para afrontar las denuncias periodísticas
relacionadas a mala “inteligencia doméstica” (expedientes de políticos,
empresarios, periodistas, etc.) realizada ininterrumpidamente por la Dirección
Nacional de Inteligencia desde 2005, en las postrimerías del gobierno de
Alejandro Toledo y siguió durante todo el gobierno de Alan García. Sin contar
que Jara denigró al Gobierno nacional sometiéndolo a la voluntad de turbas
violentistas en Andahuaylas que protestaban contra la empresa estatal de
distribución eléctrica ELECTROSUR ESTE. No se veía en el Perú una censura a un
gabinete ministerial desde 1963 cuando la Cámara de Diputados censuró al gabinete
Oscar Trelles.
A partir de la decisión del
Congreso, la oposición aprista-fujimorista, el empresariado y la opinión
pública pidieron a Su Excelencia que el reemplazo de Jara fuese un personaje
(no necesariamente independiente) de “consenso”. Sin embargo, optó por el
belicoso y neurótico ex diputado Pedro Cateriano, quien ha sido Ministro de
Defensa durante casi tres años. Amigo personal del escritor Mario Vargas Llosa,
es un conocido anti-aprista y anti-fujimorista, pero también incondicional del
Presidente de la República y la Primera Dama de la Nación. Posee un lenguaje
tan mordaz que hay quienes dudan que obtenga la cuestión de confianza del
Congreso.
Ahí está el detalle: mentes
maliciosas creen que Su Excelencia quiere que Cateriano no obtenga la cuestión
de confianza -que equivale constitucionalmente a aprobar una moción de censura-
para cumplir la causal de disolución de la Cámara y convocar a nuevas
elecciones parlamentarias, según la Constitución de 1993. El Presidente de la
República puede querer lo que quiera, pero el nuevo Presidente del Consejo de
Ministros sí obtendrá la confianza.
Salvo el APRA (aumentarían más de
4, seguro), ningún partido político se beneficiaría con nuevas elecciones
parlamentarias. No estarían seguros si obtendrían más o menos escaños que hoy.
Tampoco a los congresistas disidentes que aún no preparan sus candidaturas les
conviene. Aun si Cateriano les desagrada, quisieran que obtuviera la cuestión
de confianza para no quedarse sin nada.
En fin, no habría disolución del
Parlamento, pero la crisis política continuaría.


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