¿Ha
visto Nuevo Sol?. Es un diario en formato
tabloide de bajo tiraje, que puede ver en los quioscos medio oculto entre otras
publicaciones. También tiene una edición web.
El director de este diario es Jorge Paredes Terry. En
2011 fue asesor del entonces presidente del Congreso, Daniel Abugattás. Al año
siguiente debió renunciar por el escándalo político “Gestores” y rompió con el
gobierno de Ollanta Humala. Después fundó el movimiento Patria para Todos y en
2015 se alió en un frente electoral con el Movimiento por la Amnistía y los
Derechos Fundamentales (MOVADEF), la facción “acuerdista” de los terroristas de
Sendero Luminoso, al cual el Jurado Nacional de Elecciones le rechazó la
inscripción.
El diario de Paredes es un pasquín. Todo el
tratamiento noticioso está “editorializado”: no hay intento de objetividad.
Además, llama la atención las constantes –y mentirosas- notas de investigación laudatorias
sobre la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, que rigió el Perú entre
1968 y 1975. Aunque no vivió aquella época, Paredes es velasquista.
El velasquismo es un periodo de la historia peruana
poco o mal estudiado. Velasco y la Revolución de las Fuerzas Armadas destruyeron
el orden oligárquico heredado de la llamada “República Aristocrática”
(1895-1919), que en las décadas de 1950 y 1960 estaba cambiando. En esa “transformación
estructural” el país se empobreció y atrasó. Sin embargo, el velasquismo aún es
inspiración dentro de la izquierda radical peruana. Incluso fuera: en 1974 el
joven cadete venezolano Hugo Chávez vino a cursar estudios en la Escuela
Militar de Chorrillos en Lima y quedó fascinado con Velasco. Esa fascinación ha
moldeado el presente de Venezuela.
El pasquín de Paredes no reivindica necesariamente el
control de precios, el control de cambios, la industrialización por sustitución
de importaciones, los subsidios, la nacionalización de empresas o la creación
de empresas estatales. Esas políticas de Velasco aumentaron el gasto público,
produjeron déficit fiscal, elevaron la deuda externa, activaron la emisión
inorgánica de dinero y dispararon la inflación. Tampoco reivindica la reforma
agraria, que expropió cientos de haciendas, colectivizó la tierra, arruinó la
economía rural y empobreció (más) al campesinado.
No. El pasquín de Paredes reivindica al Velasco del
golpe y el Estatuto Revolucionario de 1969, al Velasco que perseguía disidentes
y los desterraba, al Velasco que descabezó la justicia y la politizó, al
Velasco que “se cargó” (confiscó) los grandes medios de comunicación para que
haya libre expresión “bajo los parámetros
de la Revolución”, al Velasco que no creía en la ley si no era “su ley”, al
Velasco que quería una guerra contra Chile sin prever las consecuencias, al
Velasco alineado con la Unión Soviética y Cuba. Reivindica al militar lisuriento
y vulgar, bravucón y cobarde. Que no robaba, pero alentaba que otros robaran.
Que se jactaba de sus orígenes humildes, porque era resentido social.
Si ese velasquismo es el culto de la devoción de
Paredes, mejor ni leer su pasquín. Perdón, diario.

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