Durante la vigésima Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (popularmente, COP20),
activistas de Greenpeace invadieron la zona intangible de las Líneas de Nazca
en Ica y desplegaron lemas alusivos al “cambio climático”.
Desgraciadamente, para ellos,
cometieron delito -conforme al Código Penal de 1991-, porque dañaron -casi
irreparablemente- una de las figuras de las emblemáticas líneas. La
organización ha ofrecido disculpas, pero el daño está hecho. Los activistas de
Greenpeace más un arqueólogo que, en teoría, los condujo hasta el lugar serán
denunciados y procesados penalmente por el Ministerio Público y el Poder
Judicial.
¿Qué es Greenpeace?. Fundada en
Canadá, allá por 1971, es una influyente ONG ambientalista que gusta realizar
campañas propagandistas para detener el cambio climático, proteger la
biodiversidad, evitar el uso de alimentos transgénicos, disminuir la
contaminación ambiental, acabar con la energía nuclear y las armas bélicas y
proteger bosques y parajes naturales. En todo el planeta, tiene alrededor de 3
millones de socios y millonarios ingresos.
A los ambientalistas de
Greenpeace les encanta la notoriedad y la polémica. Quieren que medios de
comunicación y cadenas de noticias cubran sus llamativas y espectaculares
acciones, que muchas veces violan la ley. De ahí el apodo de “eco-terroristas”.
También se les ha acusado de alterar informes técnicos con fines ideológicos o
lucrativos o tener un “doble discurso” criticando la inversión privada, pero asociándose
con la multinacional petrolera Royal
Dutch Shell. Desde 2009 los activistas de Greenpeace están obsesionados por
influir en las decisiones de las Naciones Unidas sobre el “cambio climático”.
¿Qué es el “cambio climático”?.
Según el sitio web Wikipedia,
es la modificación del clima con respecto al historial climático a una escala
global o regional. Cambios producidos a diversas escalas de tiempo y sobre los
parámetros meteorológicos: temperatura, presión atmosférica, precipitaciones,
nubosidad, etc. Por causas tanto naturales como humanas.
Aparentemente, los “eco-terroristas”
de Greenpeace creyeron tener derecho para entrar sin permiso a una zona
arqueológica y utilizarla impunemente para sus fines propagandísticos. Si
hubiesen solicitado autorización al Ministerio de Cultura, tampoco se lo
hubieran otorgado, porque es un área intangible. Ahora están “asustados” por las
consecuencias de su “travesura”.
¿Es la primera vez que se atenta
contra las Líneas de Nazca?. No y las autoridades no hicieron mucho por
castigar a anterior invasores. Nacionales o extranjeros, cualquiera que atente
contra el Patrimonio Cultural de la Nación debe pagar por su crimen. Sin
embargo, que sea Greenpeace tiene un agravante: si el Perú permite a esta
organización ecologista internacional llegar y “profanarlo” como lo ha hecho,
nada impedirá que cualquier individuo u ONG peruana o extranjera haga lo mismo excusándose
en lo que sea.
Que Greenpeace pague por el daño
a las Líneas de Nazca, porque todos en el Perú deben respetar la ley.
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