El
“improvisado” alcalde de Lima, Jorge Muñoz, nos salió con otra de las suyas.
A raíz que
el Poder Judicial dictó 18 meses de prisión preventiva contra la ex alcaldesa
de Lima, Susana Villarán, dentro de las investigaciones del Ministerio Público
por la corrupción de las empresas constructoras brasileñas Odebrecht y OAS en
el Perú, Muñoz anunció mediante su cuenta en la red social Twitter: “Hoy he convocado al
Concejo (…) para enfrentar juntos,
todos los partidos unidos en una sola fuerza, la grave crisis que ha manchado
las obras que los ciudadanos de Lima necesitan. Los contratos de la corrupción
no van. Los peajes de la corrupción no van”.
Muñoz se
refería a Línea Amarilla y Rutas de Lima. Línea Amarilla es la concesión de la
Vía Evitamiento (más un túnel) otorgada en 2009 a OAS, cuando Luis Castañeda
fue Alcalde de Lima por primera vez. En 2013, bajo Villarán, se firmó una
adenda al contrato para extender la vigencia, reformular el proyecto y entregar
al concesionario 11 peajes. Con Villarán en 2012 se concesionó Rutas de Lima:
tramos urbanos de las carreteras Panamericana Norte, Panamericana Sur y Ramiro
Prialé a Odebrecht y se le entregó 7 peajes. Los aportes que Odebrecht y OAS
hicieron a Doña Susana durante la consulta popular de revocatoria en 2013 y la
elección municipal de 2014 ya son conocidos y ensombrecen los contratos.
Sin
embargo, el malestar es por las tarifas de los peajes. Aunque son más bajas que
en Europa y similares a Chile, la opacidad en el reajuste tarifario da pie a
que políticos demagogos, periodistas sensacionalistas y abogados leguleyos
griten “¡No a los peajes abusivos!” ilusionando a la gente con no pagar nada. Entonces
se sumó Muñoz: pretender “cargase” las concesiones viales en Lima por la “lucha
anticorrupción”.
No
obstante, Muñoz reculó. En 2016 OAS vendió su participación a la constructora
francesa Vinci Highways y Odebrecht vendió en 2017 (antes que se le prohibiera)
la mayoría del accionariado a la constructora canadiense Brookfield. Ambos
contratos permiten resolverlos unilateralmente, a cambio de fuertes
indemnizaciones. Sin contar que Vinci Highways y Brookfield pueden ir arbitraje
internacional y el Perú lo perdería. Además, ya existe un arbitraje pendiente
con Rutas de Lima por el frustrado peaje en Chillón y otro con Línea Amarilla
por la estructura de costos.
Hubo regidores
opositores empeñados en “cargase” las concesiones viales, pero diecinueve votaron
a favor de “renegociar”: la mayoría alcaldista de Muñoz. Mejor dicho, votaron
por la única solución realista. Entonces Muñoz dijo en rueda de prensa: “No se trata de patear el tablero para la
foto de hoy y que se generen, irresponsablemente, obligaciones impagables para
la ciudad de Lima. Se trata de ejercer autoridad, privilegiar el interés del
vecino y generar condiciones para la inversión pública y sobre todo con la
fuerza de la inversión privada”.
Muñoz
estaba feliz por salir de un problema, en el cual solito se metió por
“parlanchín” y “oportunista”. Hay quienes estaremos felices cuando el hombre se
vaya en 2023.

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