Hace un par de semanas escuché en el podcast A3RNET una entrevista del economista Augusto Álvarez Rodrich al abogado Mario Saldaña.
Saldaña es periodista de oficio. Ha sido columnista de los diarios El Comercio y Correo. Conversando sobre la coyuntura política, Álvarez Rodrich preguntó a Saldaña por qué cree que el empresariado no ha sido hasta ahora más contundente en rechazar la descomposición institucional y la degradación moral en Perú, a las cuales nos llevan la repudiada Presidenta de la República y su malogrado Gobierno, además del putrefacto Congreso dominado por los sectores “de derecha”.
A juicio de Saldaña, los grandes empresarios están errando en el diagnóstico. Ellos son conscientes que hay fortísimo descontento ciudadano con la dirigencia política. También son conscientes que la furia, la decepción y el resentimiento de muchísimos peruanos se desfogará en las elecciones generales del próximo año. Sin embargo, según el razonamiento de Saldaña, el empresariado cree -o alguien le ha hecho creer- que quien mejor canalizaría todas esas emociones negativas del electorado peruano es el empresario Rafael López Aliaga, aún Alcalde de Lima, futuro candidato presidencial -y senatorial- y, hasta el momento, el político “de derecha” mejor ubicado electoralmente.
Para Saldaña, si muchos empresarios no están “asustados” por la situación política del país rumbo a los comicios del siguiente año, es el (auto)convencimiento que con López Aliaga u otro político similar estaría “asegurada” la continuidad económica para los negocios. En la entrevista, Saldaña dijo a Álvarez Rodrich que él está convencido que pronto aparecerá un caudillo antisistema en la campaña electoral (probablemente, un hombre “de izquierda”), que acabará haciéndose con el triunfo. Para ese momento, los grandes empresarios comprenderán que estuvieron equivocados.
Hace mucho tiempo que la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990 hicieron “simbiosis”: para que haya inversión privada, crecimiento económico, generación de empleo, creación de riqueza y reducción de la pobreza es una condición indispensable (aparte de pocos impuestos, bajos aranceles de importación, regulación mínima y estabilidad macroeconómica) que existan instituciones regidas por el imperio de la ley, porque garantizan seguridad jurídica y respeto por los contratos firmados. ¿López Aliaga es capaz de garantizar libertad económica y buenos negocios?. De acuerdo al reciente artículo de la revista británica The Economist, no. Adicionalmente, los sectores “de derecha” peruanos hace rato reniegan del pensamiento liberal, aunque se proclamen admiradores del presidente argentino Javier Milei, pero no le imiten en lo bueno y sí en lo malo.
El
empresariado está a tiempo para dejar de oír a charlatanes disfrazados de “politólogos”
o “analistas políticos” y entender que si la (destartalada) democracia
restaurada en 2001 cae, también caerá el (envejecido) modelo económico heredado
de la década de 1990. Si lo entendiera dentro de un año, será muy tarde.
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