De vuelta al “show verde olivo”, cuyos maestros de ceremonia son los políticos y los artistas del espectáculo son los militares.
Desde los Estados Unidos, donde acudió para la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York (gracias, por cierto, a una “ley inconstitucional”), la Presidenta de la República anunció que decreta el Estado de Emergencia para los distritos de San Juan de Lurigancho y San Martín de Porres, en Lima, y la provincia de Sullana, en Piura. Según dijo el Presidente del Consejo de Ministros, las Fuerzas Armadas patrullarían las calles junto a la Policía Nacional para enfrentar la creciente criminalidad organizada. Para tal fin se restringirían la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad domiciliaria y las libertades de reunión y tránsito.
Mientras escribo, el Gobierno nacional aún no publica el decreto supremo sobre el Estado de Emergencia (no se sabe la duración) en el Boletín de Normas Legales del diario oficial El Peruano. Sin embargo, los alcaldes se sienten envalentonados y la ciudadanía aplaude. El Alcalde de San Juan de Lurigancho (¡ojo!, este personaje puede dar de qué hablar a futuro) está “machito” ante reporteros, fotógrafos y camarógrafos.
Pareciera que el motivo de la decisión de Su Excelencia fueron las recientes detonaciones de explosivos en dos discotecas de San Juan de Lurigancho la semana anterior, en el contexto de un incremento de asaltos a mano armada, extorsiones y sicariato. Precisamente, el alcalde de ese distrito, desde el primer día que asumió, había pedido el Estado de Emergencia y la presencia militar. Desde los medios de comunicación, los periodistas saludan la medida o no se aponen a ésta, no porque crean que sea efectiva sino para también recibir aplausos.
En 2015 el gobierno de Ollanta Humala decretó el Estado de Emergencia en el Callao (se restringieron los respectivos derechos constitucionales, obvio) y las Fuerzas Armadas pasaron a controlar el orden interno en la provincia constitucional. Al principio, fue efectivo: los militares perseguían delincuentes hasta en las alcantarillas. Sin embargo, nadie imaginó que los criminales “migrarían” a los distritos limeños colindantes al Callao para continuar delinquiendo. Además, pronto los criminales hallaron la forma de burlar a los militares y seguir asaltando o matando. Hubo casos cuando turbas de vecinos protegían sospechosos de haber delinquido. Dos años después, aceptando el fracaso, el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski levantó el Estado de Emergencia.
El año pasado el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo decretó el Estado de Emergencia en Lima y Callao para combatir la delincuencia y sacó los militares a las calles. Según el ex viceministro de Seguridad Pública, Ricardo Valdés, esa decisión demagógica habría sido el detonante del incremento de la criminalidad actual en la ciudad capital. No obstante, ahí vamos de nuevo. A tropezar con la misma piedra.
Mejor
dicho, cómo nos encanta el “show
verde olivo”, pese a conocer que el final de este espectáculo politiquero es
malo.
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