Vergüenzas del Derecho ("ESPECIAL")


En esta época quienes tiene título de Derecho debieran sentir vergüenza por las acciones de ciertos “colegas”.

Carlos Ramos, magistrado del Tribunal Constitucional, es el ponente de la acción de competencias presentada por el Presidente del Congreso contra el decreto de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 que disolvió la Cámara y convocó a comicios para el 26 de enero. La ponencia a debatir pronto por los demás magistrados constitucionales antes de resolver el caso, “apesta”.

Ante las dudas de si se cumplieron las dos denegaciones de la cuestión de confianza para disolver la Cámara, conforme la Constitución de 1993, Ramos no aclara nada. Después afirma que, aunque la Cámara votó a favor de la confianza presentada por el entonces Presidente del Consejo de Ministros sobre una reforma a la ley orgánica de 2002 para cambiar la forma de elección de los magistrados, que la mayoría de congresistas no detuvo el proceso en curso de nombramiento de nuevos magistrados (como quería el Gobierno nacional), es una “denegación fáctica”. Sin embargo, no explica cómo un “acto negativo” se convirtió en un “acto positivo”.

Abróchense el cinturón, porque Ramos no tiene desperdicio: según él, el acto disolvente no estuvo en el decreto supremo sobre la materia sino en el ¡Mensaje a la Nación! del “aventurero” anunciando la disolución de la Cámara. No es la fuerza de la norma sino de los “reflectores y micrófonos”. A pesar que todos los actos administrativos del Presidente de la República requieren refrendo ministerial, como el acto disolvente se hizo por televisión y radio y el gabinete había caído, no hacía falta refrendo alguno. Que Ramos devuelva su título académico.

También es vergonzoso lo que se pretende hacer con la Junta Nacional de Justicia, creada por reforma constitucional aprobada en el Referéndum de 2018 para reemplazar el extinto Consejo Nacional de la Magistratura. Tras la frustrada selección del año pasado, por fin se consiguió seleccionar a todos los integrantes, todos abogados. Pudo haber mejores integrantes, cierto, pero el mecanismo de selección puede reformarse hacia el futuro. Urge que la Junta empiece a funcionar designando, ratificando o destituyendo fiscales y jueces. No obstante, la poderosa ONG llamada Instituto de Defensa Legal, que ansía hace muchos años “influir sobre la administración de justicia”, con ayuda de la argolla “progre” en los medios de comunicación, ha montado una “ofensiva” mediática para “controlar” la Junta. Por ahora se logró que dos integrantes (el ex congresista Marco Falconí y la ex ministra de Justicia, María Zavala) no juren sus cargos con los demás, porque se les volvería a “evaluar”.

Por último, aprovechando la celebración de Año Nuevo, un cuestionado vocal superior declaró fundado en primera instancia el Hábeas Corpus contra la Municipalidad Metropolitana de Lima y la concesionaria vial Línea Amarilla presentado por la Municipalidad Distrital de La Molina para que se suspenda el cobro de peaje en la avenida Separadora Industrial alegando afectar el libre tránsito. La argumentación es falsa (la avenida Javier Prado Este es la principal entrada al municipio y no tiene peaje), pero que sólo se suspenda el cobro para entrar y no para salir es absurdo. En realidad, esa sentencia está dentro de la lucha política entre el alcalde de La Molina, Vladimir Paz de la Barra, y el alcalde de Lima, Jorge Muñoz. Un “chulo” buscando vencer a otro “chulo”. El caso puede llegar al Tribunal Constitucional.

Si antes peruanos o peruanas creían que la abogacía traía “prestigio social”, hoy parece conllevar vergüenza y ridículo.


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