En una reciente entrevista para el periodista Nicolás Lucar en la radioemisora privada Exitosa, el congresista José Luna Gálvez, candidato presidencial y senatorial para las elecciones generales de este año hizo una inédita promesa de campaña.
Luna Gálvez, otrora militante del APRA, empresario de fortuna sospechosa y enemigo no-declarado del (viejo) modelo económico heredado de la década de 1990 (siempre ha promovido iniciativas legislativas que lo socavan como la “ley contra la usura” que alienta la usura o la sangría irrecuperable de recursos de los fondos de pensiones), es uno de los peores personajes de la política peruana actual. Aunque no ha sido integrante de esos sectores “de derecha” que sostuvieron políticamente el funesto gobierno de Dina Boluarte durante treinta y cuatro meses, se benefició de éste. Su movimiento político no es más que una “ambulancia” recorriendo hospitales y recogiendo “heridos” de distintas marcas partidarias y diferentes ideologías para que el líder consiga cuotas de poder y haga buenos negocios.
Buscando subir en la intención de voto (ni siquiera aparece, pese a la millonada gastada en publicidad electoral mediante redes sociales), Luna Gálvez hizo una promesa alucinante ante Lucar: dijo que, si ganaba los comicios presidenciales, él bajaría el presupuesto parlamentario a la mitad.
Para este año, cuando entran en funcionamiento el Senado y la Cámara de Diputados, el presupuesto parlamentario bordea los mil setecientos millones de soles. Durante la transición hacia la democracia, entre los años 2000 y 2001, esa partida era la cuarte parte del monto actual. Desde entonces, exceptuando las épocas cuando Henry Pease y Mirtha Vásquez presidieron la Cámara Única, el presupuesto parlamentario no ha hecho más que incrementarse año tras año. Hay más de cinco mil empleados en el Palacio Legislativo y los edificios anexos. Si quisieramos aplicar el recorte de gasto corriente que propone Luna Gálvez, dos terceras partes de esa planilla debieran ser liquidadas.
Partamos de un hecho real: el Poder Ejecutivo propone el proyecto de ley de presupuesto público y el Poder Legislativo lo aprueba. El Gobierno interino propuso alrededor de mil cuatrocientos millones de soles (cifra bastante elevada), pero el putrefacto Congreso elevó el monto a mil setecientos millones, aproximadamente. La propuesta de Luna Gálvez es demagógica, porque los futuros senadores y diputados difícilmente disminuirán el presupuesto parlamentario.
¿No hay nada que se pueda hacer?. Sí, pero ignoro si es el propósito oculto tras la promesa de Luna Gálvez: “cargarse” el Congreso con un proceso constituyente que rediseñe el sistema político. A diferencia de cambios al sistema económico, cambios en el sistema político sí tienen consenso. Un proceso constituyente podría reformar totalmente el Congreso. Justificándolo así, la iniciativa constituyente resulta electoralmente atractiva.
Parece que
el putrefacto Congreso se convertirá en la “piñata” preferida para golpear en esta
campaña electoral. Aún no hemos visto, leído u oido todo.
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