Nuevamente, el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien cada vez miente como bellaco.
La última mentira: los trenes “donados” que llegarían pronto desde los Estados Unidos. Hace rato conocemos que no hubo ninguna donación sino fue una compra. Al menos, así se anunciaba en la página web del State Deparment de los Estados Unidos. Aparte, el Concejo Metropolitano aprobó un millonario desembolso de dinero (López Aliaga ha multiplicado por tres la deuda municipal) para desarmar veinte locomotoras y más de noventa vagones, meterlos en contenedores para subirlos a un barco carguero, desembarcarlos cuando arriben al Callao, transportarlos por tierra hasta un almacén y volverlos a armar.
López Aliaga ha anunciado públicamente no sólo que los trenes vienen en camino, sino que en julio sería “la marcha blanca”. Mejor dicho, para Fiestas Patrias estarían funcionando los trenes. Por supuesto, sus áulicos en las redes sociales amplifican el mensaje, pero toda es una mentira para engañar vilmente a la ciudadanía.
Perú tiene toda una normativa en materia de ferrocarriles. De acuerdo al Ministerio de Transportes y Comunicaciones, el material rodante debe tener un “certificado de habilitación”, que la Municipalidad Metropolitana de Lima no ha entregado. López Aliaga ha dicho que sus trenes rodarían sobre la línea del Ferrocarril Central. Entonces, habría dos opciones: la comuna capitalina se convierta en un operador ferroviario, para lo cual necesita una ley del Congreso que le permita hacer actividad empresarial, conforme lo establece la Constitución de 1993. En esa opción, la empresa municipal de ferrocarriles debe presentar su proyecto de servicio ferroviario de pasajeros para que las entidades públicas correspondientes lo evalúen y aprueben. Todo el proceso tardaría entre tres a cinco años.
La otra opción es que la Municipalidad Metropolitana de Lima ceda todo el material rodante al consorcio Ferrovías Central Andino, quien tiene la concesión y el permiso de operación para la línea del Ferrocarril Central. En ese caso, debe haber una adenda al contrato de concesión ferroviaria para autorizar el servicio de pasajeros entre Lima y Lurigancho. Todo el proceso tardaría entre dos a tres años.
Por ahora sólo funciona menos de la mitad del material rodante, según confirmación de la propia comuna capitalina. No existen paraderos. En varios tramos, la línea férrea está cerca de viviendas. Falta señalización de tránsito en los cruces de línea. Como la línea del ferrocarril no discurre en campo abierto sino en zona urbanizada, las locomotoras deben circular a veinte o treinta kilómetros, máximo. Un viaje desde Chosica hasta el Centro de Lima podría tardar tres horas, casi lo mismo que en automóvil o transporte público ordinario.
Ignoro si López Aliaga es consciente de estas dificultades (si las conoce, es peor), pero ya comenzó con su demagogia de “chulo farsante”: dijo públicamente que, si el Ministerio de Transportes y Comunicaciones no “autoriza” la circulación de sus trenes, él organizará una “marcha” hacia la sede ministerial. Ya sabemos que dirá el futuro candidato presidencial -y senatorial- cuando los periodistas le pregunten por sus trencitos: yo los traje, que el Gobierno nacional los pongan en funcionamiento. ¡Éste es el sujeto a quien parte de los sectores “de derecha” depositan sus esperanzas!. Recibirán lo que se merecen.
Nota aparte: que López Aliaga pretenda utilizar políticamente el
aparente suicidio de una persona y pregonar que lo mató una “mafia de las
bufandas verdes” le pinta como un “miserable”.
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