¡Váyase Ministro de Salud! ("ESPECIAL")

Elija cuál integrante del gabinete ministerial no debe seguir ganando su medio millón de soles mensuales y quisiera que se vaya.

Personalmente, el Presidente del Consejo de Ministros, quien me causa dolor de oídos cada vez que lo oigo. También la Ministra de Economía y Finanzas, quien fue desautorizada públicamente por ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 cuando no observó la ley sobre el retiro del 25% de fondos del Sistema Privado de Pensiones aprobada por el Congreso, pese a que ella advirtió a los congresistas que el Gobierno nacional lo haría, y recientemente anunció que la ley sobre suspensión de cobro de peajes en las concesiones viales será llevada al Tribunal Constitucional. Añado al Ministro de Justicia y Derechos Humanos, quien habla de cárceles y hasta hoy no habría visitado ninguna. Por supuesto, el Ministro de Educación, por las horas lectivas, el aprendizaje y el contenido marxista-clasista en la teleeducación. La Ministra de Trabajo y Promoción del Empleo, la burócrata xenófoba y su “manía” normativa con los gorditos. Obvio, la Ministra de la Producción, con denuncia penal por corrupta (no olvide), “jugando” con el reinicio de las actividades económicas paralizadas por la pandemia viral COVID-19 en el Perú, y la Ministra de Desarrollo e Inclusión Social, cuyos bonos 380 todos reconocen no llegaron a quienes más los necesitan.

Seguramente, quien tiene en mente es al Ministro de Salud. “Rojo” con aura malvada, a quien el Colegio Médico y los gremios médicos lo rechazan. Aunque no estuvo al principio de la pandemia, cuando el “aventurero” decretó en todo el país el Estado de Emergencia, el toque de queda y el “aislamiento obligatorio” para contener el virus, si creemos las cifras oficiales hasta hoy, este hombre carga sobre sus espaldas más de dos mil fallecidos.

Más que médico, el Ministro de Salud se comporta como activista político. Es un inútil, un falsario y un embustero. Ha mentido y miente sobre las compras y la cantidad de muestras de despistaje del virus, la cantidad de camas disponibles, los ventiladores mecánicos para unidades de cuidados intensivos, la compra y distribución de mascarillas y ropa protectora para médicos y enfermeras, la cantidad aproximada de fallecidos por la pandemia, etc., y continúa entrevistado o declarando en los medios de comunicación “adictos” al Gobierno.

No obstante, la gota que colmó el vaso con el Ministro de Salud fue su trato indolente y mezquino hacia sus colegas cuando el Colegio Médico le pidió interceder para que el Gobierno envíe a Iquitos aviones del Ejército o la Fuerza Aérea y traigan a Lima varios médicos en condición grave por la pandemia. Algunos fallecieron. A esa petición humanitaria, el sujeto respondió a través de una radioemisora privada que la vida de un médico “vale igual” que cualquier ciudadano. Cierto, pero en las actuales circunstancias los médicos son valiosísimos para enfrentar el virus, porque pueden salvar vidas. Un primer grupo de médicos enfermos fue traído desde Iquitos hacia Lima en un avión privado fletado por el Colegio Médico y un consorcio empresarial. Ante la indignación de los gremios médicos, el Gobierno envió aviones para traer al resto, pero el daño estaba hecho.

El Colegio Médico no sólo pide la renuncia del Ministro de Salud sino le abrió proceso ético y amenaza hasta con quitarle la colegiatura. De inmediato, la (escondida) Ministra de la Mujer, el congresista “rojo” Enrique Fernández Chacón y otros salieron en los medios de comunicación a defenderlo. Al final, un cada vez más psicopático “aventurero” le ha renovado públicamente su confianza y después se “burló” de los médicos críticos.

El Ministro de Salud debe irse. No es científico y el virus no es su enemigo a enfrentar sino quienes no cabemos en su percepción política-ideológica.

 


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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