El 21 de abril de 1992, el senador Máximo San Román
juró la Presidencia de la República.
Por decisión del Congreso reunido en el auditorio
del Colegio de Abogados de Lima, San Román juró cumplir y hacer cumplir la
Constitución de 1979. Su “antecesor”, Alberto Fujimori, en colaboración con su
asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos, había perpetrado un golpe de
estado el 05 de abril cerrando ese mismo Congreso, interviniendo el Ministerio
Público y el Poder Judicial, “reorganizando” la Contraloría General de la
República, desactivando el Consejo Nacional de la Magistratura y el Tribunal de
Garantías Constitucionales, removiendo al Jurado Nacional de Elecciones y
disolviendo las asambleas regionales. También hubo censura, despliegue de
tropas y tanques de guerra por Lima, ocupación de partidos políticos y
sindicatos, arrestos domiciliarios, detenciones arbitrarias y decomisos. Todo
con apoyo de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, beneplácito del gran
empresariado y aplausos de muchísima población.
Antes, senadores y diputados aprobaron la
destitución de Fujimori por “incapacidad moral”. Una vez juramentado, San Román
envió una delegación con el senador Edmundo Murrugarra y el diputado Antero
Flores-Araoz ante la Organización de Estados Americanos (OEA) para obtener
reconocimiento. Aunque la comunidad internacional condenó el golpe, nunca
reconoció el gobierno de Máximo San Román. Cuando Fujimori propuso ante la OEA
reunida en Bahamas la instalación de un Congreso Constituyente Democrático
(CCD), calmó a la comunidad internacional y retuvo el poder. El mandato de San
Román acabó el 06 de enero de 1993 cuando el CCD aprobó una “ley constitucional”
para ratificar a Fujimori en la Presidencia de la República.
Desde su prisión en el cuartel policial Barbadillo,
donde cumple cárcel por violación a los derechos humanos, crímenes de lesa
humanidad y corrupción, Fujimori escribió en la red social Twitter (quizá el único preso en el mundo con acceso), por los
veinticinco años del golpe del 05 de abril de 1992, que él es el “arquitecto de la democracia moderna” en
el Perú y gracias al golpe tenemos la Constitución de 1993, respetada por todos
y que trajo crecimiento económico.
Aquí hay tres engaños. Primero, el crecimiento
económico es posible por la combinación de tres factores en la economía:
producción, productividad y competitividad. No es obra de modelos o
constituciones. Ni siquiera de tasas de interés o tipos de cambio. Fujimori
nunca lo entendió, pero dejó que conocedores hicieran las reformas necesarias
en economía. Segundo, antes del 05 de abril de 1992 Fujimori nunca dijo en
público que necesitaba una nueva Constitución. Reto a cualquiera que me
demuestre lo contrario. Además, la Constitución de 1993 no la hizo él. Dentro
del CCD fue hechura de Carlos Torres y Torres Lara, Henry Pease y Enrique
Chirinos Soto.
Por último, a Fujimori nunca le gustó que lo
llamaran “golpista”, pero quien perpetra un golpe de estado es un golpista y el
golpista sólo es arquitecto de una dictadura. Quienes recordamos los discursos
de Fujimori desde un año antes del golpe, sus ataques contra otros poderes
públicos e instituciones del Estado no eran propios de un “reformador” sino de
un “destructor”. El golpe de estado del 05 de abril de 1992 “destruyó”, no “reformó”.
Golpe es golpe y quien lo perpetra siempre será un golpista.

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