Una noticia
reciente en los medios de comunicación llamó mi atención.
El
Ministerio de la Mujer lanzó la iniciativa “Fuerza sin violencia” dentro de la campaña “Hombres por la igualdad”, parte de las políticas públicas por la igualdad de
género y contra la violencia hacia la mujer, diseñadas y ejecutadas a partir
de la Ley de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres de 2007 y el
primer Plan Nacional de Igualdad de Género de 2012.
El
lanzamiento de la campaña fue en un salón protocolar del Cuartel General del
Ejército en Lima, bajo un retrato al óleo del coronel Francisco Bolognesi, héroe
de la Batalla de Arica de 1880. Oficiales y suboficiales aparecieron vistiendo uniforme
y, además, un mandil de cocina color rosa, posando para fotógrafos y camarógrafos.
Ese mandil color rosa sería el símbolo de la campaña ministerial. Ahí empezó la
polémica.
El
congresista del APRA Jorge del Castillo denunció en el Congreso la “humillación”
al Ejército por los mandiles color rosa. Después se sumaron congresistas del fujimorismo,
indignados por el “maltrato” y la “caviarización” (¿?) de los militares.
Finalmente, opiniones en las redes sociales Facebook
y Twitter “furiosas” u “horrorizadas”,
porque se haya “avergonzado” a “nuestro Ejército” y “manchado” el uniforme de “nuestros
héroes patrios”.
Por la
tradición militarista latinoamericana, el militar en el Perú suele ser visto
como el arquetipo del “macho”, el hombre duro. Bravucón, incapaz de llorar,
quien no tiene más emoción que el amor patrio. A su vez, el Ejército suele ser
percibido como la “reserva moral” de la Nación y el “guardián de la Patria”.
Por supuesto, son percepciones.
Creo un
mandil color rosa no avergüenza a un militar, pero sí debiera avergonzarle que,
durante nuestra historia republicana, el sagrado uniforme y las armas confiadas
por la Nación se usaran para efectuar golpes de estado, infringir constituciones
y entronizar dictaduras. El militar, digno servidor patrio, se convertía en un “bandido”.
De igual modo, si el mandil color rosa no avergüenza al militar, sí debiera
avergonzarle que, durante las décadas de 1980 y 1990, el uniforme patrio fuera “ensuciado
con estiércol” por quienes asesinaron, violaron (mujeres), secuestraron,
torturaron y desaparecieron sospechosos de terrorismo (ellos no eran fiscales
ni jueces), se volvieron verdugos de terroristas merecedores de juicio justo y
prisión ejemplar y se enriquecieron con el narcotráfico o mediante actos de
corrupción.
Por último,
pregunten a esos oficiales y suboficiales que vistieron el mandil color rosa si
se “avergonzaron”. No creo que alguien haya participado en esa ceremonia contra
su voluntad y no se vio ningún rostro cabizbajo allí. Personalmente, nada más
que hablar al respecto.
Nota aparte: por fin entró en funcionamiento la Autoridad del
Transporte Urbano de Lima y Callao. Debe normar, regular y supervisar el
transporte público y especial, la infraestructura vial y el sistema de recaudo
de pago, además de complementar las acciones municipales para agilizar el
tráfico. Menuda tarea.

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