De películas

La derecha conservadora sigue con el rollo del documental financiado por el Ministerio de Cultura sobre el ex guerrillero, ex constituyente, ex diputado y ex senador, Hugo Blanco.

No puedo hablar sobre el filme, porque no lo he visto y sospecho que quienes braman contra éste no fueron espectadores privilegiados del estreno. Que se haga un documental sobre Blanco, que era un marginal dentro de la izquierda radical y hoy la derecha conservadora le da más importancia de la que tenía, no me molesta ni escandaliza.

¿Cómo se puede producir un documental fílmico sobre un delincuente?. Quien quiera verlo, es libre de hacerlo. Además, no es necesario que la producción sea sobre un personaje “moralmente correcto” para catalogar si su contenido es correcto. Un ejemplo: Luis Pardo.

Financiada y producida por un empresario manufacturero de Arequipa, la película de 1929 Luis Pardo es considerada una gran muestra del primigenio cine silente en el Perú. Sin embargo, la figura de Luis Pardo es polémica. Nacido en Chiquián, Ancash, en 1874, Pardo perteneció a la familia propietaria de la hacienda Pancal. Su padre era simpatizante del general Andrés Avelino Cáceres y su abuelo fue dos veces Alcalde de Chiquián.

Cuando tenía once años de edad, el padre de Pardo fue asesinado por una familia rival en una disputa de tierras. Apesadumbrada, la madre murió después. Pardo vengó esas muertes matando con tiros de carabina a los asesinos. Huérfano, el abuelo envió a Pardo hacia Lima para que estudie en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. De vuelta a Chiquián, Pardo trataba humanamente a los peones de su hacienda (enseñaba a leer y escribir, reglas de urbanidad, higiene personal y disciplina), a diferencia de otras familias de hacendados. Con la Revolución de 1894, Pardo se unió a las huestes de Cáceres contra las de Nicolás de Piérola. Fue derrotado, apresado y huyó de la cárcel. Desde entonces Pardo fue un bandolero.

Excelente jinete, hábil tirador, mujeriego empedernido y amante de la poesía y la música, Pardo eran legendario en la serranía de Ancash y Lima. Hacendados y dueños de minas le odiaban y temían. Atropellos o abusos (bastante tolerados por alcaldes, jueces de paz o gendarmes) hacia indígenas, peones o campesinos desataba alguna incursión de Pardo y su banda, en la forma de asaltos o extorsión, cuyo dinero mal habido era distribuido entre los más necesitados.

Aunque por largos años su cabeza tuvo precio, en 1909 llegó el final de Pardo. Un contingente de cincuenta gendarmes salió de Lima para cazarlo. Al llegar a Chiquián y tras varios días de persecución, Pardo y su compadre y compinche de correrías, Celedonio Gamarra, fueron acorralados en una cueva. Creyendo poder huir, Pardo salió disparando y fue acribillado. Después recibió el tiro de gracia. Su cadáver fue exhibido en Cajacay y fotografiado en Chiquián.

Entonces, ¿el documental sobre Blanco es criticable por el financiamiento público o porque gira sobre la vida de un “delincuente”?. Si es lo primero, de acuerdo. Si es lo segundo, la derecha conservadora sería bien “tonta de baba”.

 


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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