No fue suficiente que el alcalde
de San Juan de Lurigancho, Juan Navarro, y sus regidores aprobaran una inútil “declaratoria
en emergencia” (pretendiendo invocar la facultad presidencial de declarar el
Estado de Emergencia, establecido en las constituciones de 1979 y 1993) que no
ha servido de nada contra la criminalidad en ese populoso municipio de Lima.
Hace varias semanas el alcalde de
San Juan de Miraflores, Javier Altamirano, quiere que el Presidente de la
República y el Ministro del Interior “se
pongan los pantalones” y saquen tropas del Ejército a patrullar las calles.
Dice que es la única forma de combatir la notoria delincuencia. Además, cree
que el Congreso debe modificar la Ley del Servicio Militar Voluntario de 2008
para restablecer la antigua obligatoriedad de chicos y chicas de 17 ó 18 años
(realmente, nunca fue “obligatorio”, porque podías evadirla con dinero o “influencias”)
y así evitar que la muchachada pobre sea “captada” por los criminales.
Por supuesto, la propuesta es
tremendamente popular para muchos vecinos de San Juan de Miraflores y otros
distritos limeños víctimas de la delincuencia. “¡Sí, qué salgan los militares a
las calles!”, dice más de una persona, pero sólo es una idea de un
demagogo aprovechando un momento crítico de indefensión entre la gran mayoría
de la ciudadanía.
Si tanto Navarro como Altamirano
y sus regidores quisieran combatir la delincuencia, debieran primero reorganizar,
equipar y re-entrenar a sus efectivos del Serenazgo y si no tienen dinero, que
comiencen por aumentar la recaudación por pago de arbitrios. Muy fácil es
exigir el “derecho a la seguridad” cuando no te cuesta.
¿Por qué no sacar soldados a
patrullar las calles, como siempre lo pide el periodista deportivo Phillip
Butters?. Solamente, la Policía Nacional tiene entrenamiento y preparación en
investigación, criminalística y uso de armas no-letales para enfrentar la
delincuencia y controlar manifestaciones. Para eso se forman 3 a 5 años en las
escuelas policiales. Hasta Navarro reconoce que únicamente los policías pueden
dirigir la lucha contra la criminalidad, porque saben cómo, dónde y por qué
operan los delincuentes de tal o cuál modo.
En contraste, los soldados del
Ejército se entrenan para combate contra otros soldados de ejércitos contrarios
o tropas irregulares (como la facción “pro-seguir” de Sendero Luminoso en el
VRAEM), con tácticas y estrategias diferentes, utilizando armas de guerra. Por
eso la Escuela Militar de Chorrillos no es un reformatorio juvenil sino un
lugar selecto de formación para quienes enfrentarán esas amenazas. Contra
carteristas, bandas de asaltantes, etc., sólo dispararían a matar. ¿Navarro,
Altamirano y Butters quieren “baños de sangre” en las calles?.
Esta medida ha sido implementada
en México y Honduras, con terribles resultados de corrupción, violencia y
muerte, denunciados por defensores de los derechos humanos. Entonces, ¿por qué
es tan popular?. Por esa vieja tradición militarista latinoamericana, pero a
las moscas se las elimina con insecticida, no con fuego.

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