De seguro, habrá oído: “¡Los políticos han fracasado, es hora de
los independientes!”.
Los partidos políticos son tan
antiguos como la moderna democracia representativa. No es casualidad que en el
Perú el APRA y el Partido Comunista surgieron simultáneamente a las primeras
elecciones libres en 1931. En Politología se considera que los partidos
políticos existen para organizar perdurablemente la representación y canalizar
la participación ciudadana. Para eso presentan candidaturas a cargos electivos,
movilizan apoyo electoral y organizan y orientan la función legislativa.
También articulan, interpretan y defienden intereses y preferencias ciudadanas.
Por último, contribuyen a forjar apoyo político a determinados programas,
intereses y valores.
El siglo XX fue el de los “partidos
de masas”, estrechamente vinculados a sindicatos, iglesias y periódicos. Se
financiaban por el reclutamiento masivo de militantes y tenían una jerarquía
piramidal: simpatizantes, militantes y dirigentes. A cambio de aportes de militantes
y los votos de éstos y simpatizantes, las dirigencias se comprometían a
defender sus intereses. Fue una superación respecto a los “partidos de cuadros”
surgidos en la Europa del siglo XIX entorno a facciones disputándose el poder.
Inorgánicos, sin relación directa entre ciudadanía y representantes. Ejemplo
peruano: el Partido Civil de la “oligarquía”, el Partido Demócrata y el Partido
Constitucional. En el Perú, entre 1931 y 1992, predominaron los primeros, sin desaparecer
completamente los segundos.
El cambio al siglo XXI ha
significado que “partidos de masas” pierdan sus referentes sociales
tradicionales y varios presupuestos ideológicos. Es muy difícil hablar hoy del “partido
de los obreros”, “partido de los empresarios”, etc. Se han perdido lealtades y
cualquiera puede votar por cualquiera. Además, primero con la radio y televisión,
después con Internet y las redes sociales, los partidos se han “desburocratizado”
y ya no necesitan llenar plazas públicas para difundir ideas y propuestas. Les
interesa más conseguir votos.
El caudillismo y clientelismo
nunca desaparecieron en el Perú. Las dirigencias siempre fueron autoritarias manejando
el partido. Militantes y simpatizantes aceptaban esa verticalidad, porque
esperaban la “recompensa” de las dirigencias cuando tuvieran poder. Casi toda América
Latina padece el mismo mal.
Entonces, ¿qué son los
independientes?. Lo peor de todo: son caudillistas y clientelistas por
excelencia, se deben a sí mismo, porque no pueden ni quieren liberarse del
pasado. Sólo luchan por el poder, por lo que no les interesa una relación
directa, orgánica y estable con la ciudadanía. Como no los motiva ninguna
ideología, programa o doctrina sino captar votos y conservar poder, hacen lo
que sea y por el medio que sea para perseguir esos fines. Por más que digan lo
contrario, los independientes con poder equivalen a la degradación de la
democracia.
¿Necesitamos más independientes o
partidos políticos sólidos, competitivos y eficaces, como en los Estados Unidos
o Europa?. Dígame usted.

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