Chavín de Huántar – parte final ("ESPECIAL")

En el Perú las pasiones políticas siempre han nublado los juicios de la Historia. La “operación Chavín de Huántar” en 1997 no ha sido la excepción.

Según informes de inteligencia de los Estados Unidos, la dictadura de Alberto Fujimori había ordenado a los comandos no dejar vivo ningún terrorista del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que hubiese participado en la toma y el secuestro de los rehenes en la residencia del embajador japonés. No quiere decir que los comandos (integrados por oficiales del Ejército y la Marina de Guerra) los matasen, pero sí pone en duda sus versiones (defendidas a morir por la derecha conservadora) que todos los emerretistas murieron durante la operación.

Fujimori estaba libido. Para él, más que un triunfo militar era una victoria política. Fue el final del MRTA. Su popularidad se disparó y sus seguidores lo proclamaron “héroe nacional”. En una escena repugnante, Fujimori entró a la residencia, recorrió el lugar y caminó encima de cadáveres. Él se atribuyó toda la estrategia y planificación del rescate y algo de ese crédito compartió con su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos. La ayuda de Israel y los Estados Unidos a los militares peruanos nunca fue reconocida oficialmente.

Los cadáveres de los emerretistas fueron llevados a la morgue de la Sanidad Policial. Las autopsias se hicieron con fiscales militares. Los informes de las autopsias no se conocieron hasta 2001. Entonces coincidiría con las investigaciones realizadas del Equipo Peruano de Antropología Forense, el cual señaló que ciertos cadáveres de terroristas tenían orificios de bala, como si hubiesen sido ajusticiados. Al mismo tiempo, Hidetaka Ogura, ex diplomático japonés en Lima y uno de los rehenes, dijo desde Japón en 2001 que vio a una emerretista viva tras finalizar el rescate. En democracia, Fujimori, Montesinos y el general Nicolás Hermoza (comandante general del Ejército) sería procesados judicialmente por presuntas ejecuciones extrajudiciales. Al proceso se sumarían después otros colaboradores de Montesinos.

En su momento, los comandos fueron investigados por la justicia militar y exonerados de acusación penal. Se les ha citado como testigos en el Poder Judicial para los juicios a Montesinos y sus secuaces por este caso. Nadie los ha señalado formal o informalmente como autores materiales o intelectuales de las supuestas ejecuciones de los emerretistas y casi todos les reconocen valentía y patriotismo. Sin embargo, sus cerradas versiones (convertidas en “dogma político” por la derecha conservadora) que NO HUBO ejecución de emerretistas rendidos, porque, extrañamente, TODOS murieron después de la operación, y ese constante afán de “victimizarse” ante los medios de comunicación causa extrañeza. También que la derecha conservadora intente desacreditar testimonios (¡“caviar”!, ¡“rojete”!, ¡“terruco”!) y asustar a los comandos diciendo que cualquier investigación los "maltrata" y sólo pretende enjuiciarlos es políticamente SOSPECHOSO.

La llamada “teoría de los gallinazos”, esbozada en 2003 por entonces ministro de Defensa, el ex diputado Aurelio Loret de Mola, distinguía entre la operación de rescate y las supuestas ejecuciones, atribuyendo estos ajusticiamientos al conocido “escuadrón Júpiter” del extinto Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), a las órdenes de Montesinos. No obstante, a partir del gobierno de Alan García (2006-2011) y por influencia política del almirante Luis Giampietri (personaje bastante gris), entonces congresista y Primer Vicepresidente de la República, el Ministerio de Defensa desechó el argumento legal de los “gallinazos” y adoptó las versiones de los comandos como “verdad absoluta”.  

Por ahora nos queda un suceso significativo en la Historia del Perú, que debe ser visto en real dimensión. Al margen de pasiones políticas e ideologías, sin mitificaciones.

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