La hora de las masas

 

Bernardo Monteagudo, ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores bajo el protectorado de su compatriota, el general rioplatense José de San Martín, dijo una frase lapidaria sobre el Perú.

Monteagudo dijo en 1822 que la monarquía era ideal para el Perú, porque “a los peruanos les gusta ser serviles”. Creo es una afirmación mezquina e injusta, que se ha oído a lo largo del tiempo hasta nuestros duros días.

Hoy muchos cerebros que creen saber de política o conocer el Perú se cuestionan el por qué no hay grandes protestas callejeras contra el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno, más allá de ciertas colectividades protestando por reclamos puntuales. Ensayan una y otra explicación, basada en sus creencias, deseos o temores, pero no en nuestra realidad. Si nos remitimos al pasado, tras siete años la dictadura del general Juan Velasco Alvarado recién enfrentó una gran protesta popular como estallido social en 1975. Cuando en los estertores de la dictadura de Alberto Fujimori, revelada la inmundicia existente, no hubo grandes marchas o protestas callejeras, excepto la “Marcha de los 4 Suyos” en el año 2000.

Los peruanos -y las peruanas- no nos caracterizamos por protestas recurrentes ni numerosas concentraciones de masas opositoras. Por lo general, los peruanos -y las peruanas- no estamos de acuerdo, nos quejamos, pero aguantamos. Obedecemos de mala gana a la autoridad cuestionada o, simplemente, desacatamos sus órdenes. Llega un momento cuando la paciencia se termina y explota en manifestaciones de rabia y furia. Algunas veces espontáneamente, como la salvaje rebelión popular en Lima contra el golpe de estado de los hermanos Gutiérrez en julio de 1872. Otras veces, incitada. Un ejemplo reciente: las violentas protestas callejeras juveniles en el Centro de Lima y los cacerolazos en los barrios mesocráticos limeños, incitados por los grandes medios de comunicación, que “se cargaron” el gobierno de Manuel Merino en noviembre de 2020.

¿Por qué ahora no vemos grandes protestas contra el “hombre sin sombrero”?. No es por la falta de un video o un audio “bomba” evidenciando su amoralidad, porque, abrumadoramente, la ciudadanía está convencida al respecto. Si las encuestadoras hicieran sondeos de opinión (con una muestra probabilística mayor a la habitual, obvio) a la gente preguntándole si cree que el “hombre sin sombrero” acabará cayendo, la gran mayoría diría sí. ¿Para qué protestar?. Si hubiese sondeos de opinión preguntando a la gente si cree que el “hombre sin sombrero” nos puede imponer una dictadura, la gran mayoría diría no. Entonces, ¿para qué protestar?.

Como el 05 de abril, grandes masas saldrán a las calles cuando sientan que el “hombre sin sombrero” se ha metido con sus libertades o propiedades. Los cacerolazos empezarán (comenzaron el domingo pasado en barrios mesocráticos limeños) cuando la rabia o la furia contra el “hombre sin sombrero” no pueda ser contenida.

El “hombre sin sombrero” intuye que esa hora llegará y se está preparando.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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