12 de septiembre: el Perú conmemora los treinta años de la captura de Abimael Guzmán.
Guzmán fue el líder fundador de Sendero Luminoso, organización comunista de inspiración maoísta que, junto al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), comunista de línea castrista, causaron decenas de miles de víctimas (muertos, heridos, desaparecidos, etc.) y cientos de millones de dólares en pérdidas económicas entre 1980 y el año 2000. Guzmán y su cúpula fueron capturados por un equipo elite antiterrorista de la Policía Nacional el 12 de septiembre de 1992.
Paradójicamente, el 12 de septiembre no es un feriado nacional (debiera serlo) ni una fecha de significado emotivo para la gran mayoría de peruanos y peruanas. ¿Por qué?. Creo existen tres motivos que lo explican.
Primero, aunque la captura de Guzmán no fue el fin de la violencia terrorista de Sendero Luminoso y el MRTA, marcó el inicio del declive de la orgía de llanto, sangre y ruina que desbastó esta tierra. Transcurrirían varios años más y se requeriría un mayor esfuerzo de militares y policías para conseguir la “pacificación” del país. Hoy en día continúan los remanentes terroristas, aliados con el narcotráfico, en los valles de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, en enfrentamiento armado con las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
Segundo, la dictadura de Alberto Fujimori utilizó políticamente la lucha antiterrorista para justificar el nuevo régimen y obtener popularidad. Por eso el reiterado mensaje de letanía sobre el Perú como “presa del terrorismo”, pese a que Sendero Luminoso y, sobre todo, el MRTA estaban siendo derrotados armadamente. Por desgracia, desde el retorno a la democracia en 2001, sectores “de derecha” utilizan políticamente la lucha antiterrorista para seguir dividiendo a la sociedad entre “los patriotas” (ellos) y “los pro-terrucos”. Mejor dicho, cualquiera que no sea “patriota”.
Tercero, lamentablemente, el 12 de septiembre no es una fecha interiorizada para muchos connacionales, porque los años de la violencia terrorista aún son recientes. Las muertes y la destrucción ocasionadas todavía no han sido procesadas por la sociedad. Aún hay dolor, pena, culpa y negación de responsabilidades. Críticas de forma, no de fondo, al Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, a diecinueve años de publicado, demuestran que todavía existe polémica por cómo conocemos, recordamos e interpretamos aquellos años. Una época donde no hubo una “batalla teológica” entre el bien y el mal sino un conflicto armado sucio, brutal y bárbaro, donde las auténticas víctimas fueron quienes quisieron llevar una vida lo más normal posible, pese al fuego cruzado entre los comunistas alzados en armas (nunca debemos olvidar que los terroristas eran comunistas) y las fuerzas del orden.
Creo el 12
de septiembre debiera representar para nosotros una fecha de recuerdo a quienes
sufrieron y perecieron, aplausos a quienes cumplieron con su deber y
advertencia a quienes en el futuro quisieran imponernos en el Perú alguna
variante de la ideología más criminal del siglo XX.
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