Todavía el “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 es el centro de la noticia política.
La admisión de la moción de destitución en su contra será debatida en el Congreso el 31 de octubre. Sin embargo, hay otros sucesos políticos. El proyecto de ley sustitutorio que la Cámara aprobaría (el “aventurero” anunció que lo observaría) para retirar más dinero del Sistema Privado de Pensiones, debate donde formulamos dos preguntas elementales: ¿sacrificaremos más el ahorro para la vejez por necesidades presentes?, ¿qué sucederá cuando el dinero en las cuentas de capitalización individual se acabe?.
Otro hecho, sólo resaltado por los diarios Uno y La Razón. El congresista Omar Chehade, presidente de la Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso, anunció que, a inicios de noviembre, presentará el nuevo dictamen para restablecer la bicameralidad del Congreso, inexistente desde el 05 de abril de 1992. Esta propuesta de reforma a la Constitución de 1993 involucraría la creación de un Senado con 50 integrantes y una Cámara de Diputados con 130 integrantes, dentro de un esquema “imperfecto” (senadores y diputados tendrían atribuciones diferenciadas) y disponiendo la convocatoria a una elección senatorial en el año 2023. Chehade pretende que la propuesta se apruebe por la Cámara con mayoría calificada en dos legislaturas sucesivas, sin referéndum.
Aunque Chehade nunca ocultó durante la última campaña electoral su intensión de insistir con el restablecimiento de la bicameralidad, desde el retorno a la democracia en 2001 es un rollo patatero que no tiene cuando terminar. En 2018, a propuesta del “aventurero”, el Congreso aprobó cuatro reformas constitucionales con mayoría legal de integrantes de la Cámara para ratificarlas después en referéndum. Uno de esas reformas planteaba el restablecimiento de la bicameralidad. El “aventurero” le dio su visto bueno, pero tres días después “se victimizó”, dijo que los congresistas “desnaturalizaron” su proyecto y llamó a votar NO en la respectiva pregunta del referéndum. Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la opción NO ganó con 90.55% de votos válidos frente al 9.48% de la opción SI.
Podemos (re)interpretar el por qué el electorado votó mayoritariamente NO a la pregunta sobre la bicameralidad, pero lo concreto, lo real, es la victoria del NO. Lástima, pero fue la voluntad popular libremente expresada en las ánforas. Por tanto, cuando políticos, juristas, periodistas y otros en la opinión pública insisten con el “debate sobre la bicameralidad”, sin contemplar otro referéndum, se burlan del electorado. Quien escribe apoyó todas las iniciativas para el restablecimiento de la bicameralidad desde 2001 y voté SI en el Referéndum de 2018, pero considero que este “disco rayado” debe finalizar.
Tanto para
las elecciones generales de 2016 como para el Referéndum de 2018, por Dios,
entendamos que es INMORAL pretender “cargarnos” la voluntad popular libremente
expresada en las ánforas, porque no nos gusta el resultado.
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