Entre más malas noticias sobre la huelga de médicos,
enfermeras, obstetras y maestros (materia para otro artículo), hubo dos buenas
noticias.
El Presidente de la República promulgó la reforma
constitucional sobre la imprescriptibilidad de delitos de corrupción. El
Congreso había debatido y aprobado iniciativas, tanto del oficialismo como
Acción Popular y el Frente Amplio, la facción de izquierda radical con
representación parlamentaria.
La Constitución de 1993 decía escuetamente “El plazo de prescripción se duplica en caso
de delitos cometidos contra el patrimonio del Estado”. Ahora dirá “El plazo de prescripción de la acción penal
se duplica en caso de los delitos cometidos contra la administración pública o
el patrimonio del Estado, tanto para los funcionarios o servidores públicos,
como para los particulares. La acción penal es imprescriptible en los supuestos
más graves, conforme al principio de legalidad”.
No es algo baladí. Cohecho, peculado, colusión,
negociación incompatible, abuso de autoridad, malversación, tráfico de
influencias y enriquecimiento ilícito no prescribirán. A quienes se les procese
judicialmente por estos delitos “muy graves” no podrán huir, esconderse o
alegar prescripción para no afrontar responsabilidad penal por actos u
omisiones cometidos, incluso si no son funcionarios o servidores públicos. Falta
adecuar el Código Penal de 1991 a este cambio. Esta reforma es un avance
importante en la lucha contra la corrupción.
De otro lado, la Sala Penal Nacional de la Corte
Suprema de Justicia falló contra dos militares involucrados en el “caso Los
Cabitos”. Se les ha condenado a 23 y 30 años de prisión, respectivamente (a
pesar de la avanzada edad de ambos), por asesinato, abuso de autoridad agravada
y detenciones arbitrarias en el cuartel militar Domingo Ayarza, conocido como
Los Cabitos, en Huamanga, Ayacucho, en 1983.
Aunque la Sala reservó sentencia a dos acusados más
por salud (también de avanzada edad) y uno fugado a Chile y exculpó a otro, el
fallo es histórico: reconoce estos abusos (el sector más reaccionario de la
derecha conservadora los llama “excesos”) como crímenes de lesa humanidad y
acepta que desde 1982, cuando el gobierno de Acción Popular encargó a las
Fuerzas Armadas el combate antiterrorista contra Sendero Luminoso, empezó una
práctica sistemática de violaciones a los derechos humanos por militares contra
la población civil.
El caso Los Cabitos ha sido documentado tanto en el
Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación como el libro del
periodista Ricardo Uceda, Muerte en el Pentagonito. Hubo
secuestros, torturas, estupros y desapariciones forzadas de cincuenta y tres
personas. Incluso hubo víctimas entre 14 y 17 años. También reconoce la
existencia del horno crematorio (“La Hoyada”), donde se quemaban los restos
humanos de los desaparecidos.
La sentencia también declara al Ejército “tercero
civilmente responsable”, así nunca más amparará o encubrirá atrocidades que
sólo lo envilecen.
No sé ustedes, pero ambas noticias me dan esperanzas
para el Perú hacia el futuro.
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