Porky, no me das miedo ("ESPECIAL")

 

Entre algunos periodistas y líderes de opinión pública comienza a surgir la interrogante: ¿puede tener éxito el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, con su candidatura presidencial?.

Estos personajes, inmersos en círculos “progres” limeños, temen que el mensaje cada vez más virulento de López Aliaga esté “calando” en la ciudadanía. Ciertamente, López Aliaga se ha convertido en una máquina de insultos, descalificaciones y mentiras. Cruelmente, ha tildado de “comunista”, “asesina” y “ladrona” a una presidenta de las Ollas Comunes, porque ella denunció que el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, a través de la comuna capitalina, les había entregado alimentos fétidos.

Quienes se están asustando con López Aliaga afirman que él es parte de una “tendencia mundial”, cuyos exponentes últimos son el presidente argentino Javier Milei y el magnate Donald Trump, presidente de los Estados Unidos por segunda vez. Personalmente, López Aliaga se parece más a Trump que a Milei, pero quedémonos en la comparación con el presidente argentino.

En Argentina, donde existe un evidente hartazgo con el populismo izquierdista de la familia Kirchner, las “ideas de la libertad” de Milei lucen novedosas y atractivas. En contraste, López Aliaga abandera en Perú el autoritarismo, el populismo y el mercantilismo, además del conservadurismo más rancio que encarnan hoy los sectores “de derecha”, convertidos en defensores del status quo. Milei no es la causa de un cambio de época en Argentina sino la consecuencia.

Además, el gran éxito político de Milei fue visibilizar y atacar a todos esos grupos fácticos, a quienes la gran mayoría de la sociedad argentina considera responsables de la decadencia de Argentina: los políticos corruptos, los empresarios mercantilistas, los sindicalistas parásitos y los intelectuales charlatanes. Milei no inventó enemigos: sólo señaló a quiénes estaban ahí. En contraste, López Aliaga y los sectores “de derecha” en Perú, con un discurso anti-izquierdista cada vez más rabioso, pretenden construir enemigos para que la mayoría de la sociedad peruana les odie y respalde a quienes los enfrentan.

En Argentina, Milei ha suscitado auténtica adhesión popular. Especialmente, entre los más jóvenes. Milei podrá ser lisuriento y hasta algo ofensivo, pero no habla incoherencias. Hasta sus enemigos políticos reconocen que él domina su tema: la economía. Haber pasado por tertulias televisivas dio a Milei manejo de cámaras. En contraste, desconocemos en Perú cuánta gente respalda a López Aliaga, porque las encuestas de opinión tienen serias limitaciones de muestreo probabilístico. Además, no tiene manejo de escena y nadie entiende bien de qué está hablando, porque parece saber todo y, a la vez, nada. Por lo pronto, para presentar sus trenes “donados” desde los Estados Unidos, debió recurrir a una “portátil”: masas movilizadas y reunidas a cambio de un estipendio. Por eso insiste tanto con una "marcha blanca" de sus trenes, pese a las objeciones normativas y técnicas, porque él necesita que las personas se monten en sus trenes, no que los contemplen desde lejos como un sueño que hubiese sido y no pudo ser.

Por último, Milei tenía una imagen fresca y atractiva, mientras López Aliaga tiene una imagen desgastada (su respaldo a la desacreditada Presidenta de la República y su malogrado Gobierno tendrán altos costos políticos) y antipática y, para colmo, él se está sobreexponiendo tanto que saturará, cansará.

Quien escribe no tiene miedo a López Aliaga. Si no tengo miedo a marxistas-leninistas, menos a “cucufatos” como él.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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