En una “conferencia de prensa” más aburrida y deslucida que velorio, ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018 anunció la convocatoria a elecciones generales para el siguiente año.
Todo fatuo, este embustero palabreó lo que quiso (es un asesino de la gramática española) y presumió ante fotógrafos y camarógrafos la firma del decreto supremo convocando a comicios. Aunque quiso distraer la atención, el “aventurero” estaba obligado legalmente a convocar elecciones generales. Si no lo hacía, el Congreso tenía una causal para destituirlo. Al mismo tiempo, con la convocatoria, cortó las intenciones de varios congresistas para “prorrogar mandatos”. No se puede descartar que el “aventurero” pretendiera excusarse en la pandemia viral COVID-19 en el Perú para “cargarse” los comicios y quedarse, pero no podía hacerlo solo: necesitaba al Congreso para aprobar las prórrogas. Tras el último impase con los congresistas por la inmunidad presidencial “perforada” y la eliminación del antejuicio a los ministros, esa vía quedó bloqueada.
Que el “aventurero” convocara a elecciones no implica que abandonó sus pretensiones continuistas. Ahora podría volver al afán inicial: lanzar su candidatura presidencial el próximo año, so pretexto que la prohibición de reelección presidencial inmediata en la Constitución de 1993 no se aplicaría para él, porque nadie lo ha votado. Tampoco importaría la letra de la Ley Orgánica de Elecciones de 1997. Tal vez, su último recurso: apoyar un “delfín” como candidato.
Si algo podemos enorgullecernos en el Perú desde la transición a la democracia en 2001, es que todas las elecciones y consultas populares han sido libres, al margen de las preferencias y como nunca en nuestra Historia. El Gobierno nacional se ha mantenido neutral. El Jurado Nacional de Elecciones, la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil, con algunas dificultades, han sido autónomos y profesionales. Todas las candidaturas y opciones políticas han podido participar, si cumplían los requisitos de ley. Ha habido libertades de expresión y opinión. Ha habido bastante rigurosidad en el escrutinio del voto. La voluntad de la mayoría o la primera minoría se ha expresado.
¿No creen que esos términos podrían variar si el “aventurero” fuese candidato presidencial o apoyase decididamente a “su” candidato?. Cautela con la convocatoria a elecciones generales y a ver los siguientes pasos del “aventurero”, cada vez más acorralado por las denuncias de corrupción administrativa en su entorno, la brutal recesión económica y la catástrofe humanitaria por la pandemia. Posiblemente, en su mensaje por Fiestas Patrias el “aventurero” pretenda sorprendernos con algún anuncio espectacular.
Nota aparte: que, a cuatro meses de la pandemia, la Ministra de la
Producción esté contagiada por el virus y el Gobierno entregará préstamos a
agricultores a través del Banco de la Nación, sabiendo que muchos no los
devolverán, no son buenas señales de adónde vamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario