El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República es un “bueno para nada”.
Su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno no ha podido, por tercera vez, comprar urea. El Ministro de Agricultura y Riego pende de un hilo. La campaña agrícola está perdida. La agro-industria puede adquirir fertilizantes, porque tiene contactos y dinero. Son pequeños y medianos agricultores quienes lo tienen más difícil. Confiaron en el Gobierno nacional y, por tercera vez, han sido decepcionados.
Desde Cusco el “hombre sin sombrero” habló para decir que, en el Tahuantinsuyo, el imperio incaico, “no le daban tanta importancia a la urea”. Esa afirmación no solamente es una inexactitud (en tiempos prehispánicos, se usaba el guano de las islas como fertilizante agrícola) sino una ofensa contra los agricultores.
El “hombre sin sombrero” aprovechó su estancia en Cusco para “ningunear” a su Ministro de Relaciones Exteriores. Ya habían discrepado. Primero, Torre Tagle rompió relaciones diplomáticas con la República Árabe Saharaui Democrática, con la cual el Perú había reanudado vínculos el año pasado. Hablamos del “Frente Polisario”, apoyado por Argelia y la izquierda radical española (y peruana), que desde 1976 quiere proclamar un estado independiente en el Sahara Occidental, territorio controlado por Marruecos. El propósito de la ruptura era “revitalizar” las relaciones comerciales del Perú con Marruecos, que es un exportador de urea en el mundo. No obstante, tras la decisión de Torre Tagle, el “hombre sin sombrero” expresó mediante su cuenta en la red social Twitter su “compromiso” (dudo sepa dónde está el Sahara Occidental) con la República Árabe Saharaui Democrática
La gota que colmó el vaso fue cuando el Ministro de Relaciones Exteriores afirmó la conveniencia que el Perú suscriba la Convención del Mar de las Naciones Unidas. Esta polémica se remonta a 1983 y hay partidarios como detractores del asunto. Sin embargo, Torre Tagle no había manifestado una posición a favor, pero desde Cusco el “hombre sin sombrero” dijo que él defendería las “200 millas de mar territorial”. Aquel mismo día el ministro renunció.
El “hombre sin sombrero” es un inútil, pero para los aplausos, llámenlo. En Cusco concedió una entrevista a la llamada “prensa alternativa”: medios digitales presentes en las redes sociales Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y TikTok. ¿Cuál fue la pregunta más “complicada” que le hizo el entrevistador?. Respuesta: ¿Qué es lo que más extraña de su vida antes de llegar al Palacio de Gobierno?. El “hombre sin sombrero” contestó feliz que “extraña el campo, el aire libre”. Por supuesto, sobre los escándalos políticos y las denuncias de corrupción administrativa, ni una palabra. Cuando reporteros de los grandes medios de comunicación buscaban acercarse, el “hombre sin sombrero” salió corriendo.
También el
“hombre sin sombrero” huyó cuando un grupo de manifestantes le esperaba para
insultarlo y pifiarlo. No entiende que su discurso de victimización se agota y
cada vez más personas lo ven como un “bueno para nada”.
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