¿Han leído el portal web El Montonero (https://elmontonero.pe/)?. No le haré
promoción, pero sí resalto una característica.
Salvo el
director, el escritor Víctor Andrés Ponce (de quien ya hemos hablado), que no
es ni nunca ha sido fujimorista, el periodista Jorge Morelli, fujimorista con
pasado en Acción Popular, y el sociólogo Hugo Neira, antiguo velasquista y
vinculado al APRA, todos los articulistas hablan como fujimoristas, escriben
como fujimoristas, pero se autodenomina “liberales”. ¿Por qué?.
El
pensamiento liberal en el Perú (re)nació en la década de 1980: primero con el
economista Hernando de Soto y su Instituto Libertad y Desarrollo (ILD), después
con el escritor Mario Vargas Llosa y el movimiento Libertad. El Vargas Llosa candidato
presidencial perdió las elecciones generales en 1990 frente a Alberto Fujimori,
sin más ideología que el poder mismo.
Vargas
Llosa y Libertad hicieron una relativa oposición al nuevo Gobierno, mientras
que De Soto y ILD asesoraban a Fujimori. El 05 de abril de 1992 Fujimori y su
asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, dieron un golpe de estado que entronizó
la dictadura, con ayuda militar-policial, beneplácito empresarial y apoyo
popular.
Vargas
Llosa y los remanentes de Libertad rechazaron el golpe, pero De Soto y sus
adeptos lo “avalaron”, porque desde el año anterior Fujimori estaba ejecutando
reformas de mercado para controlar la inflación, sanear las finanzas públicas y
transformar la economía. Mejor dicho, algunos liberales creyeron -creemos- que
economía de mercado es indesligable de democracia, instituciones e imperio de
la ley. Otros liberales consideraron -y aún consideran- la economía de mercado
(más la derrota armada del terrorismo) como “precondición” para un régimen democrático.
Los primeros serían “liberales-progresistas” y los segundos, “liberales-conservadores”.
En
principio, los “liberales-progresistas” creen que el orden político, económico
y social surge de la libertad individual, mientras que los “liberales-conservadores”
creen que la libertad es producto de ese orden. También los segundos creen que
la religión, la familia, las tradiciones y las costumbres son algo valioso de
preservar en la actualidad para que la libertad no naufrague entre el
radicalismo libertario y la utopía igualitaria. Miran recelos la cultura popular,
la corrección política (la “progresía”) y las nuevas doctrinas post-modernas.
¿Esos
articulistas son “liberales-conservadores”?. Si pensáramos que desde 2001 la
democracia es posible gracias al modelo económico heredado de la década de
1990, ¿por qué reniegan de la Transición del año 2000 y reivindican la
dictadura?. Si pensáramos que la religión, la familia y las tradiciones son
importantes para preservar la libertad, ¿qué hacen apoyando a fanáticos
religiosos sexistas y homófobos, que desprecian la libertad?. Si realmente
creen en la libertad, ¿por qué siempre favorecen a quienes abogan por mantener
elementos del status quo contrarios a ésta?.
No sé. Sólo
sé que ellos y otros como ellos son cualquier cosa, menos liberales.

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