El adiós a la bicameralidad

La bancada del APRA ha presentado otro proyecto de reforma constitucional para restablecer la bicameralidad en el Congreso.

Hasta el golpe de estado del 05 de abril de 1992 el Congreso era bicameral: se componía del Senado y la Cámara de Diputados. La Constitución de 1979 permitía 60 senadores (más los senadores vitalicios) y 180 diputados, además de dos cámaras con atribuciones no muy distintas entre sí. La Constitución de 1993 rompió la tradicional constitucional e impuso una sola Cámara con 120 congresistas. En 2009 el número se elevó a 130.

El proyecto contempla un Senado con sólo 30 integrantes (sin senadurías vitalicias) y una Cámara de Diputados con 130. Tendrían atribuciones diferenciadas. El Senado sería exclusivamente revisor de las leyes aprobadas por los diputados. Además, nombraría al Defensor del Pueblo, los magistrados del Tribunal Constitucional, el Contralor General de la República, el Superintendente de Banca y Seguros y los directores del Banco Central de Reserva. Por su parte, la Cámara de Diputados dictaminaría leyes, interpelaría y censuraría ministros e investigaría. La elección senatorial sería por distrito electoral múltiple.

El fujimorismo, mayoría absoluta en la Cámara, ha dicho no. Los fujimoristas dicen que involucraría mayor gasto (sin reajuste del actual presupuesto parlamentario, sí costaría más) y sería innecesario. Previsible: la dictadura de Alberto Fujimori “demonizó” el Congreso bicameral anterior al golpe. Se alegaba que era “pesado”, “paquidérmico”, “costoso”. Que el Senado era el “reducto de la partidocracia”, decía el mismo Fujimori. Se vendió la idea que un Congreso unicameral y con poca gente era “ágil”, “moderno” y “barato”. Pese a que hasta hoy el Congreso unicameral no ha sido ágil, moderno ni barato, el mensaje caló hondo en la ciudadanía. La bicameralidad no es popular y el fujimorismo tampoco quiere disgustarse con las bases.

Concuerdo con constitucionalistas y politólogos partidarios de la bicameralidad. Sin embargo, este tema ronda desde el retorno a la democracia en 2001, pero nunca se ha podido alcanzar el consenso y ha faltado voluntad para aprobarlo. Antes el fujimorismo, tenaz opositor a la bicameralidad, era minoría y, numéricamente, se hubiese alcanzado los dos tercios de la Cámara para la aprobación con otros partidos políticos. Hoy que el fujimorismo es mayoría absoluta, es inviable. La bicameralidad es historia. A los nostálgicos nos queda el antiguo hemiciclo senatorial dentro del Palacio Legislativo, ahora usado como un auditorio o una sala más.

¿El Congreso no requiere ningún cambio?. En lo absoluto. Se queda la unicameralidad, pero la Cámara única debe ser reformada. Los parlamentos son foros políticos para el estudio, la ponencia y el debate de las leyes, pero esta Cámara se diseñó para votar leyes express, sin mayor reflexión. Por eso la baja calidad de leyes aprobadas. Prefiero pocas, pero buenas leyes, a mucho “papel mojado”. Ni hablar de la dificultad para aprobar nombramientos.

Ojalá pronto oiga propuestas para mejorar la unicameralidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores