Ausente algunos días y ocurre nuevamente: la sexta sucesión constitucional en ocho años y el cuarto Gobierno interino en seis años.
El putrefacto Congreso aprobó quien debe presidir la Cámara “espuria” y designó a José María Balcázar como Su Excelencia, el Presidente de la República. El interinato continúa hasta que asuman las autoridades surgidas de las venideras elecciones generales. Pronto tendremos tiempo para comentar sobre este hombre. ¿Su antecesor?. Fue echado por la Cámara con 76 votos a favor, 24 en contra y una abstención. Quien escribe dijo en octubre del año anterior que ese sujeto no llegaría a julio de 2026 y, probablemente, quienes lo colocaron en el Palacio de Gobierno “se lo cargarían” después.
Este individuo, con fama de “porno-filo” y “putero”, quien pasará a la historia de Perú por su venalidad y su libertinaje (comparable con el ex comandante Luis Miguel Sánchez Cerro en la década de 1930), estaba “sucio” desde el inicio, como alertó el difunto congresista Carlos Anderson. Sin embargo, por mayoría, los sectores “de derecha” lo sostuvieron políticamente. En cuatro meses brilló sólo por su despilfarro y su frivolidad.
¿Qué hizo ese individuo, quien era conocido popularmente como el “bukelito” o el “Bukele de Temu”, en referencia al sátrapa salvadoreño Nayib Bukele?. A hacer negocios con sus amigos chinos. Sustanciosos negocios con dinero público, en los cuales él, como abogado lobista, obtendría “su tajada”. Por supuesto, satisfacer su perversión psicosexual: atraer mujeres jóvenes y guapas, no con sus encantos físicos o sus habilidades de seducción sino con dinero público o empleos en la administración pública. Ni siquiera la hija del Comandante General del Ejército se salvó.
Mientras tanto, este esperpéntico individuo jugó al “implacable”, al “amigable”, al “jovial” y al “encantador”, todo en una misma personalidad. Aparecía ante fotógrafos y camarógrafos con las camisas remangadas y botas de niño explorador, dando órdenes inútiles, sonriendo con todos los transeúntes y mostrándose tan inquieto como un adolescente. Hasta tuvo su bailarín informal, Martín Palacios, alias “Máquina”, a quien se lo ha tragado la tierra. Un vanidoso irremediable, enamorado de la adulación, quien una semana antes ordenó la colocación de su retrato oficial en todos los ministerios y todas las entidades públicas adscritas al Poder Ejecutivo. Un incompetente absoluto, quien nunca pudo presentar el Plan Nacional de Seguridad Ciudadana pese a prometerlo y prometerlo ni jamás tuvo idea alguna de qué hacer contra la criminalidad organizada. Un arlequín que hasta puso en peligro las relaciones diplomáticas de Perú con los Estados Unidos y China.
La caída de este individuo asqueroso, con una denuncia por violación sexual que lo persigue y un desbalance patrimonial inexplicable, inevitablemente, arrastrará a quienes lo apoyaron y le defendieron durante cuatro meses, so pretexto de la “estabilidad”. La gran mayoría de la ciudadanía no olvidará que este sujeto mediocre estuvo en el Palacio de Gobierno sólo para servir a varios intereses particulares. En la memoria colectiva quedarán las encuestas de opinión que le “inflaban” la popularidad, las entrevistas adulonas de algunos periodistas, los comunicados de los grandes empresarios y cierta “gente de bien” pidiéndonos aguantarlo hasta 28 de julio y los insultos que recibió de los transeúntes en la Plaza Mayor cuando se marchó del Palacio de Gobierno.
No, no ha
habido corrección. El daño político está hecho y sus responsables lo pagarán en
las ánforas en menos de dos meses.
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