El APRA es un partido político ambivalente
hacia la democracia: los apristas la defienden si les favorece. En caso no
favorecerles, la socavan mientras continúan vestidos como demócratas. No todos
los apristas son así, pero es la excepción y no la regla.
Actualmente, el APRA se ha
envalentonado y pretendería censurar a la Presidenta del Consejo de Ministros,
junto con sus aliados fujimoristas. También quería hacer lo mismo con la
Presidenta del Congreso. El máximo líder, último “pico de oro” de la política
peruana, estaría ansioso por inscribir su nueva candidatura presidencial en las
elecciones generales de 2016, que considera victoriosa.
El APRA tiene una historia
violenta y subversiva. En 1949 la dictadura del general Manuel Odría publicó a
través del Ministerio de Gobierno y Policía un folleto llamado Los
crímenes del APRA, donde se narra quiénes murieron por la ambición
aprista. Centrémonos en el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, buen
ejemplo de hegemonismo aprista.
Mientras Bustamante quería
consolidar la democracia, el APRA quería volverlo un títere. Dominando el Congreso,
sindicatos, federaciones estudiantiles y las juntas transitorias municipales,
los apristas empezaron a acumular más poder. La primera víctima fue el ministro
de Agricultura, Enrique Basombrio Echenique, a quien censuraron por desconocer el
¡precio de los pallares en Ica! en 1945. Después agitaron las aguas con una
nueva ley de imprenta, dirigida contra los diarios El Comercio y La Prensa.
Violentas protestas en el Parque Universitario de Lima hicieron modificar la
iniciativa, pero caería el gabinete Belaunde.
En 1946, controlando los
ministerios de la política económica, el APRA firmó el “contrato de Sechura”
para que la petrolera estadounidense International
Petroleum Company explorara y explotara indefinidamente pozos petroleros en
Piura, si participase la Empresa Petrolera Fiscal y hubiese ingresos para el
Estado. Sectores de derecha montaron una impactante campaña demagógica. La
Cámara de Diputados aprobó el contrato, pero el Senado no.
En represalia por el rechazo a la
política económica inflacionista, des-abastecedora y corruptora, en 1947 el
APRA instigó el asesinato del director de La
Prensa, Francisco Graña Garland. A mitad de año, senadores anti-apristas
abandonan el Congreso impidiendo instalarlo. En respuesta al receso
parlamentario, los apristas promovieron huelgas y violentas marchas. La
respuesta del gabinete (militar) Saldías es mayor represión. En 1948 turbas
apristas masacraron al prefecto de Pasco, Francisco Tovar Belmont, e
incendiaron la prefectura. El diario aprista La Tribuna no paraba de desprestigiar a Bustamante, mientras
continuaba el terrorismo del APRA.
El mandatario convocó a
elecciones para una Asamblea Constituyente, pero el APRA ya quería derrocarlo:
apristas incitaron la rebelión de la marinería en el Callao y Bustamante
ilegalizó al APRA, pero semanas después se produjo el golpe de estado
derechista que liquidó la democracia.
Hoy no hay pistolas ni bombas,
pero el APRA actúa similar que ayer.


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