Exceptuando la izquierda radical, si hay un partido
político con los antecedentes más negros en defensa de las libertades de
expresión e información, es el APRA. Este año se cumplieron setenta años del
asesinato de Francisco Graña Garland, el 07 de enero de 1947.
Graña era director del diario La Prensa y dueño de la hacienda Huando en Huaral. Tenía 44 años de
edad. Conservador, pero con ideas claras. Un líder nato. Era socio principal
del Instituto SANITAS. Salió del laboratorio en Pueblo Libre, Lima, pasadas las
7:00pm. Subió a su automóvil, arrancó el motor. El homicida se acercó y le
disparó tres balazos. El vehículo avanzó varios metros y chocó con un jardín
cercano. El homicida habría subido a un automóvil con rumbo hacia la entonces “urbanización
Jesús María”.
Llevado de emergencia al Hospital Italiano en el
Centro de Lima, Graña falleció durante el viaje dentro de una camioneta de
SANITAS. Al día siguiente, la condena periodística era total. Conmoción
general. El féretro de Graña fue llevado al local de La Prensa y paseado por la Plaza Mayor. Miles siguieron el cortejo
por el Damero de Pizarro.
La Guardia Civil buscaba a un hombre “bajo, gordo y
trigueño”, según los testigos. Hubo control policial de las carreteras de
acceso a Lima, el puerto del Callao y el aeropuerto de Limatambo. Los
detectives criminalistas hasta salieron de Lima. Sin embargo, La Prensa acusó directamente al gobierno
de José Luis Bustamante y Rivero y su “socio político”, el APRA. Desde su
diario, Graña había impedido que los apristas aprobaran en el Senado el “contrato
de Sechura” con la petrolera estadounidense International
Petroleum Company sobre concesiones petrolíferas en Piura, que él creía “entreguista”.
Los apristas odiaban a Graña.
La Prensa, El Comercio y otros diarios apuntaron a dos supuestos autores
intelectuales y materiales: el diputado Alfredo Tello y Héctor Prettel, ambos
apristas. La Guardia Civil los encarceló, sin contar con indicios razonables.
El gabinete ministerial presidido por el senador Julio Ernesto Portugal cayó y juró
otro. El diputado Fernando Belaunde presentó moción de censura contra el nuevo
Ministro de Gobierno y Policía, general Manuel Odría, por el arresto de Tello y
Prettel, pero la mayoría aprista en la Cámara de Diputados votó en contra. Ambos
serían condenados a veinte años de cárcel, pero fueron indultados en 1960.
En 1988 Luis Chanduví, ex aprista, publicó un librito El
APRA por dentro: lo que hice, lo que vi y lo que sé (1931-1957), donde
señaló que el verdadero asesino de Graña era un aprista de Trujillo, fornido y bravucón,
llamado Eddie Chaney. “Bajo, grueso y trigueño”, que ante otros apristas se
jactó de haber matado a Graña. Con el antecedente de Carlos Steer Lafont, joven
aprista, quien en 1935 mató al director de El
Comercio, Antonio Miro Quesada, y su esposa, en Lima, el APRA habría
encubierto a Chaney.
El APRA debiera defender las libertades de expresión e
información “a morir”, porque hubo apristas que mataron por no creer en la
libre expresión y la libre información.

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