Evo Morales en escena

 

La izquierda radical volvería a la carga.

Nuevamente, “rojos” y “rojimios” quieren valerse de la propaganda política, la agitación de masas y las turbas vandálicas para fines políticos. Ya está ocurriendo en Puno y se prevé que en los siguientes días los conatos de revuelta y los focos insurreccionales estallen en los departamentos del sur del Perú, en los cuales hasta el 07 de diciembre el gobierno de Pedro Castillo aún tenía apoyo popular. La “plataforma de lucha” de esos facciosos de izquierda radical en sus “frentes de defensa” (cochambroso legado del maoísmo sesentero), que bloquearán carreteras, destruirán propiedad pública o privada, alentarán saqueos y atacarán a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, es la misma: la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso, el adelanto electoral para 2023 y el referéndum constituyente.

Sin embargo, un nuevo factor emerge: Evo Morales. Hace bastante tiempo que el otrora autócrata boliviano desea montar bases de su movimiento político socialista e indigenista en el sur peruano. Aunque las quería en Cusco, en Puno es donde habría tenido mayor éxito. Morales, quien en Bolivia libra una lucha de poderes con el presidente Luis Arce (su delfín le resultó “felón”), necesita recuperar protagonismo y ahora querría convertirse en el líder político que no fue Castillo, oponiéndose ferozmente a quienes –según la izquierda radical- protagonizaron un “golpe de estado” el 07 de diciembre y alentando violentas protestas que desestabilicen el Perú.

Morales es un violentista nato. Entre 2003 y 2005, con sus violentas protestas populares, planeadas y bien organizadas, “se cargó” en Bolivia los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa. En 2019, tras haber sido echado del poder por pretender perpetuarse ilegítimamente, Morales quiso repetir su misma estrategia subversiva con el gobierno de Jeanine Áñez, pero fracasó por la acción de los militares bolivianos. Quizá Morales cree que puede “estrangular Lima” como lo hizo con La Paz y hacer caer a la Presidenta de la República. Entonces erra. Perú no es Bolivia.

La injerencia de Morales en el Perú no es gratuita. Él encarna un proyecto geopolítico de línea comunista, cuyo propósito es el desmantelamiento de los “estados-nacionales” de América Latina fundados en el siglo XIX en favor del concepto de la “plurinacionalidad”, cuyo ideólogo es el teórico marxista boliviano Álvaro García Linera. No es casualidad que la reiterada presencia de Morales en Puno esté alentando incipientes tendencias secesionistas en el sur peruano. En el fondo, Morales y García Linera quisieran recrear la Confederación Peruano-Boliviana existente entre 1836 y 1839, que significó la partición del Perú en dos estados: uno al norte y otro al sur. Por eso la Confederación tuvo en su época fuerte oposición peruana.

Si Bolivia fuese el país de veinte o treinta años atrás, hace rato Morales estuviera preso. En el Perú, nos corresponde estar alertas ante la maligna influencia de ese “forajido” anti-peruano.

Por ahora, Feliz Año Nuevo a todos.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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