Chile dijo no

 

Chile rechazó abrumadoramente un proyecto de Constitución izquierdista.

Aunque todas las encuestas de intención de voto auguraban el desenlace del plebiscito, sorprendió los resultados: 62% “Rechazo”, 37% “Apruebo”. El proyecto de Constitución, que hubiese sido uno de los textos jurídicos más extensos del mundo, además del más feminista, ecologista, animalista y neo-indigenista, ha quedado en el basurero de la historia.

El “estallido social” de 2019 en Chile condujo a los partidos políticos a pactar un proceso constituyente. Inició con un plebiscito en 2020 cuando 78% votó sí a una nueva Constitución frente al 21% contrario. Después vinieron las raras elecciones para la Convención Constitucional, donde la suma de facciones de izquierda radical obtuvo una “súper-mayoría”.

Sin embargo, puntos críticos del proyecto de Constitución como la “plurinacionalidad” (concepto de raigambre leninista, pero últimamente teorizado por el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera) o el “aborto libre” repulsaron o asustaron a la gran mayoría de chilenos y chilenas. Los resultados de este plebiscito no significan la ratificación de la Constitución de 1980, reformada en 2005, porque está políticamente muerta. Chile iniciará otro proceso constituyente, que sería más corto y menos asambleísta y pariría un proyecto de Constitución más “moderado”.

Los resultados del plebiscito chileno repercutirán en América Latina. En el Perú, el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno, que fantasean con “cargarse” la Constitución de 1993, están más preocupados ahora por “cargarse” a la Presidenta del Congreso (otros intereses también se la quieren "cargar") y no dijeron ni pío. Ni siquiera el viejito “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros, quien afirma que adónde va, “el pueblo” le pide una “nueva Constitución”. Otras figuras de izquierda radical como el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, o la ex congresista Verónika Mendoza, comunista afrancesada, cambiaron de tema. Si en Chile hubiese ganado el “Apruebo”, ambos hubieran reventado desde sus cuentas la red social Twitter proclamando “el fin del neoliberalismo”, “los vientos de cambio recorren América Latina”, “el avance popular es indetenible” u otras cursilerías demagógicas.

Dos lecciones podemos extraer para la realidad peruana: primero, excepto si existe un líder políticamente fuerte y muy popular, la izquierda radical -por sí sola- no es capaz de impulsar hasta el final un proceso constituyente. En Chile el joven presidente izquierdista Gabriel Boric se envolvió en la bandera “Apruebo”, pero su popularidad se ha desplomado y es políticamente débil. No sumaba. Segundo, el maximalismo es contraproducente. Si los convencionales “rojos” chilenos hubiesen sólo “transformado” el sistema político, este proyecto hubiese sido mayoritariamente aprobado. Quisieron refundar todo y fracasaron.  

Sabemos a qué atenernos en el Perú cuando haya en el futuro un proceso constituyente.

 

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