Yeni Vilcatoma


Desde 2016 la congresista Yeni Vilcatoma no ha dejado de hacer noticia..., pero noticia mala.

Su última ocurrencia es un programa propio de 30 minutos cada miércoles por la señal de televisión del Congreso, en el cual Vilcatoma “denuncia” actos de corrupción en la administración pública que sólo ella ve y lo hace sin objetividad ni mesura y con una agresividad e incultura a flor de piel. Actúa igual en otro programa propio de una televisora privada de señal cerrada.

Vilcatoma no es una persona afable. Constantemente, se pelea con otros. Incluso con gente de su misma bancada, el fujimorismo. Hay un evidente afán de figurar, aunque sólo ha conseguido convertirse en la “hazmerreir de la política”. Todos recordamos en 2017 el debate de la destitución presidencial en la Cámara, durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, cuando manifestó su xenofobia hacia ¡la historieta chilena Condorito!, que provocó carcajadas ajenas.

Nacida en 1978 dentro de una familia mesócrata ayacuchana, Vilcatoma estudió Derecho en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga en Ayacucho. Se tituló abogada y obtuvo un post-grado en la Universidad Peruana Los Andes. En 2013 se convirtió en fiscal adjunta de Lima Sur. Al año siguiente entró al Consejo de Defensa Jurídica (creado en 1969 y reformado en 2008), adscrito al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, como procuradora pública.

La notoriedad de Vilcatoma comenzó en 2014 a raíz del caso “La Centralita”, la red de corrupción del ex presidente regional de Ancash, César Álvarez, y sus relaciones con el empresario Martín Belaunde Lossio, cercano al gobierno de Ollanta Humala, en la buena pro para licitaciones de obras públicas. Entonces estaba prófugo de la justicia. Había vínculos entre Belaunde Lossio, el asesor presidencial Eduardo Roy Gates y Humala. Ahí cayó el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Daniel Figallo.

Buscando revelar una trama entre Roy Gates y Figallo para que Belaunde Lossio sea “colaborador eficaz” (decir toda la verdad para un trato “más benévolo” de la fiscalía) y entregar pruebas a la procuraduría anticorrupción, Vilcatoma hizo algo antiético: grabó una conversación telefónica entre ella y Figallo, donde ella preguntaba para inducirle respuestas que deseaba oír. Después envió una carta personal a Humala “exigiendo” la destitución de Figallo. Por último, salió en TV acusándolo de “interferir” en las investigaciones.

Era un acto de insubordinación dentro de la administración pública. Vilcatoma fue cesada como procuradora. Sin embargo, medios de comunicación ya abiertamente opositores a Humala la convirtieron en “heroína anticorrupción”. La aplaudieron, la elogiaron, le aumentaron el ego. Despertaron en ella el “bicho político”, con ánimo de desquite.

El fujimorismo invitó a Vilcatoma a integrar la lista al Congreso. Los fujimoristas pensaron que atraería votos en las elecciones generales de 2016. Nunca imaginaron que les traería más de un dolor de cabeza, porque ella no ve adversarios sino enemigos y entiende la política como un litigio, donde ella debe ganar sí o sí.


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