Por segunda vez el Congreso inicia el proceso para destituir a ese crápula “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018.
Por 60 votos a favor, 40 en contra y 18 abstenciones, la Cámara aprobó la tarde del lunes 02 de noviembre citar al “aventurero” para que vaya al Palacio Legislativo una semana después y explique los numerosos señalamientos por cinco aspirantes a colaboración eficaz, quienes ante el Ministerio Público, afirman que él recibió sobornos por alrededor de dos millones soles para dos obras públicas licitadas (casos “Lomas de Ilo” y “Hospital Regional de Moquegua”) cuando presidió el Gobierno Regional de Moquegua hasta 2015. Una constante se repetía en las intervenciones de los congresistas durante el debate (virtual) en la Cámara: casi nadie defendía la inocencia del “aventurero”. Casi todos creen que es un corrupto. Por no decir, “corruptor”. A su vez, todos arengaban por la lucha anticorrupción. Sin embargo, quienes votaron en contra de admitir la moción de destitución reiteraban que sufrimos hoy la pandemia viral COVID-19 y una durísima recesión económica y no sería el “momento adecuado”. Por lo cual, la destitución generaría “inestabilidad” y afectaría la “gobernabilidad”.
En la mañana, ante reporteros, mientras el Congreso debatía -y aprobaba- otro retiro de aportes al Sistema Privado de Pensiones, el “aventurero” se mostraba confiado que la moción sería rechazada. No sé en qué basaba su seguridad. Tal vez en las advertencias de su “gorila” Presidente del Consejo de Ministros, reiteradas por su “escudera” Ministra de Justicia y Derechos Humanos, que el Gobierno nacional solicitaría al Tribunal Constitucional una medida cautelar contra la destitución. El “aventurero” mintió como siempre, se victimizó y hasta insinuó que la pandemia puede volver a “descontrolarse” si lo destituyeran. En la tarde, desapareció su tranquilidad.
Buscando librarse de la citación impostergable del fiscal especial que investiga sus supuestos sobornos, el “aventurero” envió una solicitud membretada a la Fiscal de la Nación para que “dirima” si ese fiscal o el fiscal anticorrupción encargado por ella puede investigarlo. Pensó dilatar el proceso judicial y ganar tiempo, pero la Fiscal de la Nación se declaró “incompetente” para dirimir. El “aventurero” no acudió a la citación para el 03 de noviembre (viajó a Chiclayo) y tampoco quiere responder a otro fiscal anticorrupción que le pide una cita como testigo en la investigación por la irregular compra de pruebas de descarte del virus en marzo.
¿Qué hará ahora el “aventurero”?. No lo sabemos. ¿El Congreso terminará destituyéndolo?. Si se repite la misma mayoría, no alcanzarían los 87 votos para la destitución. Sin embargo, la incertidumbre aumenta. Quizá los acontecimientos se precipiten. El congresista Edgar Alarcón ha confirmado que habría un sexto aspirante a colaboración eficaz, otrora muy cercano al “aventurero” y ex ministro suyo, quien también hablaría.
Aferrémonos
a la Constitución (de 1993) y que Dios proteja al Perú.
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