¡Qué manía de los alcaldes
impulsando ordenanzas “prohibicionistas”!. En Lima abundan.
No me refiero al Alcalde de
Miraflores y su ordenanza para “prohibir” hasta a peatones caminando con
“auriculares” y a quienes “saltan” o “corran” ni de la Municipalidad Distrital
de La Punta, Callao, que en 2016 quiso “prohibir” el uso en espacios públicos
del videojuego para teléfonos móviles Pokemon
Go, “reculando” al año siguiente.
Sin embargo, otras ordenanzas
prohibicionistas no son “inofensivas”. La Municipalidad Distrital de El
Agustino acaba de aprobar una ordenanza prohibiendo la prostitución y multando
con más de 10 mil soles a quienes la ejerzan, soliciten, ofrezcan y promueven o
difundan (¡por televisión, radio, prensa escrita y redes sociales!). El Alcalde
de El Agustino, un caballero que habría tardado 14 años en terminar la universidad
y cuyo patrimonio personal se ha multiplicado por n desde que llegó al cargo
por primera vez en 2003, quiere erradicar la prostitución en su distrito, a pesar
que en el Perú no es ilegal ni delictiva.
Tampoco es el primer caso. El año
pasado la Municipalidad Distrital de Los Olivos aprobó una ordenanza
prohibiendo de un tajo la prostitución. Como ahora en El Agustino, Los Olivos
invocó el apoyo de la Policía Nacional, el Ministerio Público, las juntas
vecinales y la Prefectura de Lima para “erradicar
la prostitución callejera” y los “prostíbulos
clandestinos”.
Algunos párrafos de los
considerandos en la ordenanza de Los Olivos son elocuentes: “La prostitución no es delito en el Perú, lo
que sí está considerado delito es el proxenetismo...”. “Que, la prostituta es el elemento central de la prostitución. Sobre la
prostituta recae el estigma social. Ella es el centro de escándalo, la
discriminación y la responsable de los males, sobre las cuales se emprenden
políticas represivas y en algunos casos de persecución (...) la prostitución no
es ilegal en el Perú”. “Que en este
orden de ideas cuando se dictan normas de carácter administrativos por las
municipalidades, estás se encuentran orientadas a la persecución de la
prostituta...”.
¿Funcionará la prohibición?. No. La
prostitución no desaparecerá, sólo se volverá más clandestina o escondida. Habrá
policías o serenos municipales inescrupulosos abusando (más) de las prostitutas.
También habrá corrupción. No obstante, ciertos alcaldes necesitan aparecer ante
ciertos vecinos como “implacables moralizadores por el orden público”.
Esta mentalidad represora es una
herencia de la “Ley de Vagancia” de 1924 (reformada en 1949), que también
consideraba “vaga” a la mujer que se prostituía sin contar con su “carné de
prostituta”, fuera de la regulación de salud y seguridad, y la sancionaba con
cárcel de 1 a 5 años. Esta ley fue abrogada con la Constitución de 1979 y
derogada en 1986. Una sentencia del Tribunal Constitucional en 2005 declaró la
prostitución clandestina al margen de la ley, a pesar que no hay prostitución
ilegal en el Perú.
No me gustan las normas prohibicionistas
ni los alcaldes “prohibicionistas”. En general, son enemigos de la libertad.

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