Sorpresa, polémica y confusión han causado las últimas
afirmaciones de la lideresa fujimorista, Doña Keiko, ex congresista e hija
mayor del ex dictador Alberto Fujimori, en el Centro de Estudios
Latinoamericanos David Rockefeller de la Harvard
University en los Estados Unidos.
Ante estudiantes, varió la postura del fujimorismo en
tres temas: valora positivamente el Informe final de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación publicado en 2003, condena las esterilizaciones forzadas (Anticoncepción
Quirúrgica Voluntaria) a mujeres campesinas durante la dictadura y no se opone
a la unión civil no-matrimonial entre gays
y lesbianas.
La bancada fujimorista se ha apresurado a matizar las
declaraciones alegando que ya las conocían, que Doña Keiko no ha cambiado de
discurso, que se reafirma en las críticas y que el fujimorismo no es “rebaño de
ovejas” (palabras de la implacable congresista Martha Chávez), pero otros
personajes han pegado grito al cielo: el congresista Julio Rosas (pastor
evangélico de la iglesia Alianza Cristiana y Misionera) renunció al
fujimorismo, porque él es un homofóbico religioso que se opone al proyecto de
ley de “unión civil”. También los enemigos del Informe o tolerantes con los
“excesos” antiterroristas (matar, torturar, secuestrar, violar) han saltado
hasta el techo (¿qué dirá el abogado Eugenio D' Medina Lora?) y el congresista
Alejandro Aguinaga (uno de tres ex Ministros de Salud implicados en las
“esterilizaciones forzadas”) se ha paseado por varios medios de comunicación
“reinterpretando” las palabras de su lideresa.
El fujimorismo nunca ha tenido base ideológica. Por
eso no le ha molestado coincidir con Manuel Dammert, ex diputado, congresista y
verdadero “dinosaurio del comunismo”, en la insistencia del Congreso con la ley
que autoriza a la agencia estatal PERUPETRO a negociar directamente un contrato
de explotación con la petrolera estatal PETROPERU para el lote 192. Esa ley no
es inconstitucional y tampoco contraria al modelo económico heredado de la década
de 1990 y aplicado en democracia desde 2001, porque -como el fujimorismo que lo
creo- aquél no es liberal. Doña Keiko misma ha reafirmado (para espanto del
abogado Enrique Pasquel, por ejemplo) en entrevista por TV con el periodista
Enrique Castillo antes de viajar a los Estados Unidos que el fujimorismo NO cree
en el liberalismo económico puro.
Si Doña Keiko y el fujimorismo convergiesen lentamente
hacia el centro del espectro político, puede ser creíble y hasta plausible. No
obstante, este viraje es tan rápido, tan extremo y tan cercano a la próxima
campaña electoral que muchos pensamos es una burda estrategia para atraer más
votos. Ella es consciente que tiene garantizado su pase a la segunda vuelta
electoral presidencial (intención de voto aproximada de 35%), pero no quiere
perder por culpa del anti-fujimorismo, como le pasó en las elecciones generales
de 2011. Sin embargo, arriesga perder votos fieles de primera vuelta por votos
oportunistas de la segunda.
En fin, ¿dará resultado?. En los siguientes meses lo
sabremos.
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