Se están cumpliendo cinco años de un episodio infausto de la historia reciente de Perú: los sucesos de noviembre de 2020.
Como sabemos hace cinco años hubo un “bochinche” callejero en el Centro de Lima (también hubo alboroto en otras ciudades del país, pero Lima fue el epicentro de la vorágine), un “bochinche” de varios días en el cual una numerosa masa de personas marchó por calles del Centro Histórico y la típica muchachada tirapiedras “de izquierda” tuvo feroces encontronazos con la Policía Nacional. Fue un “bochinche” que les costó la vida a dos jóvenes y hasta hoy nadie de los participantes o promotores es capaz de responder por qué o para qué fue.
Analicemos
algunos mitos sobre los sucesos de noviembre de 2020 que, el transcurrir del
tiempo, demostró que solamente eran mitos:
1. “El
golpe”. Nunca hubo un “golpe de estado”, como chillaba la abogada Rosa María
Palacios. De acuerdo con la Constitución de 1993, mayoritariamente, el Congreso
cesó al nefasto gobierno de Martín Vizcarra. El procedimiento para la
destitución presidencial no estaba regulado, pero no hubo acciones de fuerza en
las calles y la instalación del gobierno de Manuel Merino fue mediante una
sucesión constitucional, tan legítima como aquella de 2018.
2. “Fue
por la democracia”. Falso. La democracia restaurada en 2001 nunca estuvo en
peligro. El interinato, por sí solo, no pone en riesgo las instituciones y el
imperio de la ley. A su vez, las elecciones generales de 2021 estaban
convocadas desde julio de 2020 y nadie abiertamente (quizá en privado) pidió
suspenderlas. El interinato concluía el 28 de julio de 2021 o se hubiese
convertido en usurpación.
3. “El
pueblo protestó”. Mentira. Fue una protesta masiva proveniente de los ricos y
las clases medias. Adicionalmente, mucho artista, deportista, influencer (las redes sociales hervían
con llamados a la protesta) alentaron el “bochinche”. Quienes lo alentaron, por
su parte, tenían intereses: unos querían el retorno del “psicópata” que nos
había desgobernado durante treinta meses y otros un reemplazo ideológicamente afín
a ellos. Por supuesto, entre los participantes estuvieron quienes lo hicieron
por compromiso político-ideológico, quienes se creyeron las mentiras de líderes
de opinión pública como Palacios y quienes (la gran mayoría) lo hicieron, porque
sus familias, amigos o parejas también lo hicieron.
4. “El
pueblo lo hizo”. Tampoco. Los grandes medios de comunicación, que tenían
intereses en juego, alentaron las protestas: televisión, radio y prensa
escrita. Hace falta un estudio más detallado sobre la cobertura mediática
durante esos días, pero basta indicar que, cuando se produjo la caída y dos
días después el Congreso instaló el gobierno de Francisco Sagasti, acabó la
cobertura sobre el “bochinche” y éste se desvaneció más rápido que pompa de
jabón.
5. “La Generación Bicentenario”. Una reverenda patraña mediática. Ésta era la generación que refundaría el país, según sus defensores. Una muchachada crecida en democracia, pero cuya conducta política era tremendamente autoritaria. Jóvenes mesocráticos que, supuestamente, estaban llenos de ideales y tenían fuerte compromiso político con el país. Después de las elecciones generales de 2021 y la instalación del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo, todos aquellos que aún hinchaban pecho por haber participado en el “bochinche” callejero del año pasado desaparecieron, se esfumaron, se los tragó la tierra. Creo que gran parte de ellos montaron un avión comercial y se fueron del país.
Al final,
¿por qué y para qué fue todo eso?. Creo que noviembre de 2020 fue la última
oportunidad de enmendar el rumbo como país, porque desde entonces no hemos
hecho más que descender y descender hasta el hoyo presente.
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