A un mes de las elecciones
municipales y regionales, estalló un conflicto político-social en La
Convención, Cusco. A la izquierda radical le gusta, porque “agudiza las
contradicciones” y pone en jaque la democracia y el imperio de la ley.
Un “comité central de lucha” movilizó
ciudadanos durante catorce días en un “paro indefinido”, bloqueando las
carreteras de acceso (¡delito!), protestando contra la concesión del Gaseoducto
Sur Peruano. Azuzados por locutores de radio incendiarios, los manifestantes
quieren que la petrolera estatal PETROPERU instale una planta de
fraccionamiento GLP (prometida en 2010 por el gobierno de Alan García e
insistida en 2012, a pesar que es poco rentable) y la construcción de una
central termoeléctrica por la estatal ELECTROPERU, prometida en 2012. Hubo
cuatro muertos en enfrentamientos con la Policía Nacional destacada para
permitir el libre tránsito y restablecer el orden público.
Este comité persigue fines político-electorales,
porque hay varios integrantes que son candidatos a alcaldías, regidurías y
consejerías regionales y quieren ganar votos. Desde Ica el Presidente de la
República respondía enérgico condenando a estos revoltosos, pero en Lima la
Presidenta del Consejo de Ministros cedía al griterío de la izquierda radical y
enviaba una "comisión de alto nivel" a la zona para entablar el
diálogo con los agitadores.
¿Cómo acabar con el guión
chantajista de esta burda telenovela populista?. Con fuerte voluntad política y
una respuesta diferente:
a)
No
desesperarse por el bloqueo de vías terrestres. Advertir reiteradamente a
través de los medios de comunicación que NO se dialogara con “delincuentes”
(¡sí, delincuentes!) que obstruyan el libre tránsito o atenten contra propiedad
pública o privada y NO ceder por nada. Recordar que la mayoría silenciosa de
peruanos y peruanas quiere orden.
b)
Enviar
a la Policía Nacional para restituir el libre tránsito, sin buscar
enfrentamiento directo con los manifestantes para que la izquierda radical no
tenga pretexto para pregonar que se “criminaliza la protesta”. Señalar a través
de los medios de comunicación que los policías sólo buscan el normal paso de
personas y mercancías por la zona.
c)
No
recurrir a intermediación parlamentaria ni ceder a la presión mediática. Ridículo
que la congresista Verónica Mendoza (guapa psicóloga “afrancesada” con ideas
retardatariamente izquierdosas), promotora de conflictos político-sociales,
fuera buscada como interlocutora válida por periodistas.
d)
Una
vez que los sediciosos cedan (¡sí, ceden!) a desbloquear las vías terrestres y
rechazar públicamente actos violentos cometidos por ciertos energúmenos, no ir
corriendo a instalar “mesas de diálogo”. Que formen una delegación y ellos viajen
a Lima u otro lugar neutral para dialogar con ministros o viceministros.
Si se siguiesen estas humildes
recomendaciones (si alguien las enriquece, excelente), los conflictos
político-sociales que gustan a gente como Mendoza bajarían drásticamente y
caerían todas las bobas teorías sociológicas que las sustentan.

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