El fujimorismo y la justicia ("ESPECIAL")


¿Qué intenciones tenía el fujimorismo como movimiento político hacia el sistema de administración de justicia en el Perú durante los últimos años?.

Primero, un análisis en retrospectiva. La historia de la justicia en el Perú es una constante de fiscales y jueces sometidos a interferencias políticas, fines particulares y presiones sectoriales, excepto en aquellas épocas cuando la justicia estuvo controlada políticamente desde el poder de turno. Un ejemplo fue la década de 1970 cuando la dictadura del general Juan Velasco Alvarado instaló el (funesto) Consejo Nacional de Justicia.

En la década de 1980, durante la democracia fundada en la Constitución de 1979, la hegemonía partidocrática del APRA, el Partido Popular Cristiano, Acción Popular y la Izquierda Unida se contentó con dejar funcionar autónomamente al Ministerio Público, el Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales, el Jurado Nacional de Elecciones y el Fuero Militar mientras fueran “funcionales” a los intereses que representaban. Ese esquema de precariedad institucional terminó tras el golpe de estado del 05 de abril de 1992. La dictadura de Alberto Fujimori recurrió a la creación de “comisiones reorganizadoras” y el “descabezamiento institucional” para controlar políticamente la justicia.

Retornada la democracia en 2001, hubo un (tibio) intento para que el Ministerio Público, el Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Elecciones y el Fuero Militar-Policial funcionaran aceptablemente. Pronto el ímpetu reformista de la Transición amainó y se volvió a un esquema similar a la década de 1980. Ahora la corrupción como elemento central.

Algo cambió en 2016. El fujimorismo obtuvo mayoría absoluta en el Congreso. Su lideresa, doña Keiko F., ex congresista e hija del ex dictador, casi ganó la elección presidencial y alega que le “robaron el triunfo”. Decidida a vengar la derrota, “borrar” cuentas pendientes del pasado y despejar el camino para su victoria definitiva en 2021, (según revelaron los llamados “audios de la vergüenza” y subsiguientes investigaciones periodísticas) Doña Keiko y sus huestes decidieron “cargarse” el Consejo Nacional de la Magistratura para controlar políticamente la justicia. La entidad que selecciona, ratifica, sanciona y destituye fiscales y jueces y también nombra o remueve a los jefes de la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil se hubiese “fujimorizado”. Iban camino de lograrlo.

Tras estallar el escándalo por la red de corrupción liderada por el ex vocal supremo César Hinostroza, fueron el Presidente de la República y su Gobierno quienes sí se “cargaron” el Consejo Nacional de la Magistratura. Mediante reforma a la Constitución de 1993 votada en el Congreso y aprobada en referéndum el año pasado se creó la Junta Nacional de Justicia, cuyas exigencias de conformación son tan maximalistas, que está resultando difícil escoger sus integrantes. Mientras tanto, un fujimorismo torpe intenta “salvar” a sus agentes de la estrategia fallida para “controlar los daños”. Por eso el “blindaje” al fiscal supremo Pedro Chavarry.

Por desgracia, el fujimorismo perdió la oportunidad dorada para contribuir a crear un sistema de administración de justicia predecible, eficaz y confiable en el Perú. Al final, quedó desnudo en sus miedos (¡“los caviares”!) y ruindades.


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