Parece que el empresario, ex alcalde de Trujillo, ex
presidente regional de La Libertad y candidato presidencial César Acuña está en
problemas.
El diario El
Comercio denunció que la tesis de Acuña para obtener el grado de “doctor”
por la Universidad Complutense de Madrid, España, en 2009 está copiada o
"plagiada". Así lo han corroborado tres autores “plagiados”. La
noticia dio la vuelta al mundo y la universidad prometió investigar. Debido a
que Acuña consignó en su “hoja de vida” con carácter legal que tiene ese
doctorado, el Jurado Nacional de Elecciones advirtió que si Acuña lo perdiese,
quedaría fuera de la contienda electoral.
En el Perú, los acuñistas cierran filas con el líder.
Ahí están las declaraciones absurdas de los congresistas Humberto Lay, Fernando
Andrade (aliado de Acuña), Julio Rosas y Virgilio Acuña (el hermano) y el ex
congresista Isaac Meckler. Además, la presencia complaciente de Luis Ibérico,
presidente del Congreso, y el silencio cómplice de la Primera Vicepresidenta de
la República. La ex senadora Beatriz Merino y el politólogo Francisco Miro
Quesada, quienes están rigiendo el “imperio educacional” de Acuña, tampoco se
han pronunciado ni han marcado distancia. Quien ha sido más servil es la ex congresista
Anel Townsend minimizando las denuncias diciendo que el pueblo quiere oír las
propuestas de Acuña, no sus tesis doctorales.
A quienes les indigna la hipocresía, la inmoralidad o
que alguien obtuviese un grado académico sin el esfuerzo que normalmente
amerita elaborar una tesis, de seguro ya no votarían por Acuña. No obstante,
para quienes ven a un “cholo” como ellos o ellas que ha triunfado en la vida y
tiene dinero “como cancha”, el plagio
es tontería. ¿Quién no ha plagiado alguna vez en escuela, academia, instituto o
universidad?. ¡Hay que saber hacerla!, dirá alguien.
Acuña es el candidato de la “viveza criolla”, esa
actitud social anómala que todavía divierte a muchos equivocados: “es un cholo
vivo”, “en esta vida hay que ser un pendejo” o “si tienes plata, haces lo que
sea”. Por eso ninguna denuncia anterior contra Acuña ha impedido su ascenso en
la intención de voto. Si el electorado valora al “vivo” y, a veces, se ha el
“vivo” para salir adelante y Acuña es un “cholo vivo”, ¿por qué no votarlo?.
Para la segunda vuelta de las elecciones de 1990 el
oscuro candidato presidencial Alberto Fujimori respondió a una denuncia periodística
sobre evasión tributaria diciendo que él no era millonario y tampoco “un caído del palto”. Mejor dicho, no le
daba asco la “viveza criolla” y así lo evidenció cuando fingió intoxicación con
bacalao para no exponer el plan de gobierno, respondía con evasivas otras
denuncias serias contra él o negaba que fuese apoyado por el APRA y la
Izquierda Unida mientras condenaba la alianza de su contrincante con Acción
Popular y el Partido Popular Cristiano. También tenía defensores a ultranza. Pese
a esto, ganó.
Sin embargo, el “vivo” es aplaudido o admirado sólo si
se sale con la suya. De lo contrario, recibe una farisea sanción social por ser
un h...

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