Mientras el nuevo Presidente del
Consejo de Ministros se reunía con líderes opositores para obtener la cuestión
de confianza en el Congreso, la izquierda radical nos sorprendió con la
presentación pública de una nueva coalición electoral en algún lugar del centro
de Lima.
Demostrando que para “rojos” y “rojimios”
la unidad es un dolor antes que una aspiración, desecharon el “Frente Amplio”
que crearon el año pasado y lo reemplazaron por otra cosa que aún no tiene
nombre (¿alguien con estudios en Marketing Político tiene alguna propuesta?),
pero que “aspira” reunir a todos los “progresistas”. Orgánicamente, lo
conforman el Partido Comunista, el colectivo Ciudadanos por el Cambio (integrado
por ex colaboradores del Presidente de la República y su Gobierno), Fuerza Social
(el mini-partido de la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán), el partido
maoísta Patria Roja, el Partido Humanista del ex diputado y congresista Yehude Simón
y el Movimiento de Afirmación Social (MAS) del encarcelado ex presidente
regional de Cajamarca, Gregorio Santos.
Como la política peruana es tan
antropomórfica, lo que importan son los rostros. Exceptuando al ex diputado
Carlos Tapia, el ex senador Rolando Breña Pantoja y la abogada Susel Paredes
(con quienes hasta simpatizo), eran rostros poco decentes: allí estaban Sergio
Tejada (la “marioneta” del Instituto de Defensa Legal para la “Mega-comisión”
que investigó el gobierno de Alan García), Natalie Condori, Claudia Coari,
Justiniano Apaza (viejo sindicalista) y Rosa Mavila, todos congresistas disidentes
del Partido Nacionalista. Sin embargo, llamó la atención a reporteros la
ausencia de la congresista Verónica Mendoza (otra nacionalista disidente), el
ex diputado y congresista Manuel Dammert (sabelotodo de primera) y la ex
regidora metropolitana Marissa Glave, quien representa a Tierra y Dignidad, el
movimiento eco-rojo que lidera el ex sacerdote católico Marco Arana.
¿Qué propone esta nueva coalición
izquierdista?. El mismo discurso regeneracionista de siempre, pero potenciado:
el modelo económico heredado de la década de 1990 y la democracia restaurada en
2001 “se agotaron” y la izquierda radical le daría al Perú un nuevo sistema
político y económico, sin especificar bien cómo serían y cómo lo harían. Los “rojos”
y “rojimios” no pueden quitarse el complejo adánico de querer “re-fundir” todo
para después “refundarlo” y ahí habría una fuerte discrepancia con Tierra y
Dignidad, que se opone a la explotación en minería e hidrocarburos: cuánto
quieren “re-fundir” para después “refundar”.
Por más que quiera, la izquierda
radical no puede liberarse del legado caudillista de la política peruana: Arana
no quiere saber nada con el empresario Salomón Lerner Ghittis, la cara
emblemática de la nueva coalición y ex jefe ministerial de Su Excelencia. Entre
el “quítate tú para ponerme yo”, hasta se propuso a la actriz Mónica Sánchez
como candidata presidencial..., y todavía no discuten las futuras listas
parlamentarias.
Mejor hablar de asuntos más
interesantes, como el estreno de la película Asumare 2.


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