El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República está buscando acercarse a las Fuerzas Armadas.
Primero, viajó a Cusco para departir con soldados en cuartel militar. Allí les prometió aumentar los ranchos para las tropas. Dudo que muchos soldados le creyeran. El “hombre sin sombrero” solamente promete y promete a tutilimundi. Después su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno aprobó la compra de algunos aviones para la Fuerza Aérea. Hace un par de días el “hombre sin sombrero” se deshizo en elogios hacia los militares durante una ceremonia oficial en Lima. Por último, se reunió en el Palacio de Gobierno con los comandantes generales de las Fuerzas Armadas y el Presidente del Comando Conjunto, más su nuevo Ministro de Defensa. Hasta posaron todos para una fotografía oficial, publicada en la cuenta oficial de la Presidencia de la República en la red social Twiiter, donde nadie sonreía.
El nombramiento del nuevo Ministro de Defensa ha causado temores y malestares. El designado es un militar retirado de la Fuerza Aérea vinculado al ex congresista José Vega y, sobre todo, al ex mayor del Ejército Antauro Humala, liberado tras permanecer preso desde 2005 por cuatro policías asesinados durante la fallida asonada de Andahuaylas. La designación revelaría el objetivo del “hombre sin sombrero” por comprometer a “Antaurito” y sus batallones de reservistas con una futura defensa de su putrefacto Gobierno en las calles de Lima contra el Congreso, el empresariado y los grandes medios de comunicación.
La designación también revelaría otro propósito: la intención del “hombre sin sombrero” por “apaciguar” a unas Fuerzas Armadas cada vez más envalentonadas. Especialmente, tras los cuestionables “pronunciamientos” y las declaraciones cada vez más altisonantes -por ratos, insolentes- del Presidente del Comando Conjunto. Por un lado, introduce un “elemento disociador” en la cohesión de los comandantes generales (el nuevo Ministro de Defensa pertenece a la misma promoción del Comandante General de la Fuerza Aérea) y, por otro, pretende “ganarse” a los altos mandos ascendiendo a oficiales simpatizantes (se aproxima la temporada de ascensos en el escalafón militar) y, si fuese posible, “ganarse” a la tropa.
Sin embargo, este plan tiene un gran punto en contra: el “hombre sin sombrero” no es un caudillo político gozando de altísima popularidad sino un sujeto mayoritariamente impopular y repudiado, a quien el Ministerio Público y el Poder Judicial le respiran en la nuca por sus casos de corrupción administrativa. Mejor dicho, el “hombre sin sombrero” quiere acercarse a los militares desde una posición de debilidad política. Por tanto, las Fuerzas Armadas pueden obtener todo lo que quisieran de él y cuando ya no les sea útil o conveniente, “desecharlo”. Como dijera alguna vez el ex presidente venezolano Luis Herrera Campíns, los militares son leales hasta el día que dejan de serlo.
Si
el “hombre sin sombrero” pretende acariciar la pata del tigre para que no lo muerda,
al final, el tigre acabará mordiéndolo.
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