Son veinte años de la “operación militar Chavín de
Huántar”. Este artículo es el primero de tres dedicados a este suceso
trascendental, sin "mitificación".
El 17 de diciembre de 1996 catorce militantes del
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), una guerrilla castrista surgida
en 1984 y convertida en organización terrorista, tomaron por asalto la
residencia del embajador japonés en Lima. Esa noche había una fiesta de gala
con políticos, diplomáticos, empresarios, altos oficiales militares y
policiales, magistrados, periodistas e invitados exclusivos: todos serían
rehenes. El complejo estaba custodiado por policías y vigilantes fuertemente
armados. Los emerretistas violentaron una pared del jardín e ingresaron con
armas de fuego y explosivos.
A la cabeza estaba Néstor Cerpa, quien era el máximo
líder emerretista para la época. La toma y el secuestro fueron la mayor acción
terrorista del MRTA hasta entonces. ¿Qué pretendían Cerpa y los emerretistas?.
Principalmente, querían forzar que la dictadura de Alberto Fujimori liberase a
Víctor Polay, Peter Cárdenas y el resto de la cúpula emerretista en prisión.
Nunca se supo si el propósito de la excarcelación era negociar una amnistía y
la incorporación a la vida política peruana o refugiarse en Cuba. También Cerpa
y compañía tenían otras exigencias, pero propagandísticas: revertir las
reformas de mercado, denunciar las condiciones “inhumanas” de las cárceles
peruanas, etc.
Aunque los emerretistas estaban “armados hasta los
dientes” y parecían ir hasta las últimas consecuencias, realmente, creyeron que
Fujimori cedería rápido a sus demandas. Al fin de cuentas, un acto terrorista
es rápido y contundente. Tampoco consideraron matar uno a uno a los rehenes,
como lo hubiese hecho Sendero Luminoso, la otra organización terrorista, más
sanguinaria. Quizá pensaron estar algunos días o, máximo, una semana. Nunca
consideraron cinco meses, pero el fracaso del plan original no fue por sus
acciones.
La toma y el secuestro sorprendieron a Fujimori. Para
quien había estado recibiendo puras loas como el “pacificador del Perú”, el
MRTA estaba debilitado y no tenía capacidad organizativa y logística para un
atentado de gran envergadura. Durante las primeras horas Cerpa y los
emerretistas liberaron al personal de la residencia, las mujeres asistentes a
la fiesta y algunas personalidades sin importancia política: quedaron 72
rehenes. Al principio, Fujimori nombró una comisión negociadora dirigida por su
ministro de Educación, Domingo Palermo. Durante los dos primeros meses hubo confusión
e incertidumbre. Se intentó negociar un refugio en Cuba e incluso Fujimori voló
a La Habana para ver al dictador Fidel Castro.
El primer ministro Ryutaro Hashimoto informó a
Fujimori cuando se vieron en Canadá que Japón quería una salida negociada con
el MRTA, que no pusiera en peligro la vida de los rehenes. Fracasado el refugio
cubano, Fujimori viajó a Gran Bretaña para “encontrar un país que diera asilo
al grupo del MRTA”. Hasta hoy se desconoce si él no sabía qué hacer frente a
esta “crisis” o sólo ganaba tiempo.
Recogiendo una noticia publicada en el diario
estadounidense The New York Times, el
diario La República informó la
existencia de un “plan de intervención militar” con participación de comandos
militares de los Estados Unidos, asentados en Panamá. Mientras, los
emerretistas rompieron y reanudaron las negociaciones varias veces. Tras varios
meses el estrés del encierro y la constante tensión empezaba a afectarlos
psíquicamente. Encima creyeron oír ruidos debajo del inmueble y música a alto
volumen desde la calle para disimular. El embajador canadiense Anthony Vicent, uno
de los negociadores, sostendría después que iban a alcanzar un acuerdo con los
emerretistas y que Fujimori usó las negociaciones sólo para ganar tiempo.
Fujimori ya había optado por la solución militar.

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