Tu golpe, mi golpe

 

¿Usted sabe cuándo fue el primer golpe de estado en Perú?. Apuesto que no.

El 27 de febrero de 1823 cuando un grupo de oficiales ambiciosos y poco escrupulosos del ejército patriota, entre quienes estuvieron Agustín Gamarra, Juan Bautista Eléspuru y el malogrado Antonio Gutiérrez de la Fuente, se reunieron en la hacienda Balconcillo (actual distrito limeño de La Victoria) y firmaron un “pronunciamiento” contra la Junta Gubernativa que había instalado el Congreso General Constituyente el año anterior exigiendo a los diputados que nombrasen al coronel José de la Riva-Agüero como “Presidente de la República”. Poco les importó que las tropas realistas españolas aún no hubieran sido vencidas y pudieran reocupar Lima, como después sucedería.

Los golpes de estado (el asalto al poder) o las intentonas golpistas han sido constantes en la historia política de Perú. Desde la rebelión de 1872 perpetrada por los hermanos Gutiérrez que derrocó al coronel José Balta (tres de los cuatro hermanos murieron) hasta el golpe de estado del general Andrés Avelino Cáceres en 1884 contra el general Miguel Iglesias y la posterior guerra civil. Tras la Revolución de 1894 ocurrieron los golpes de 1914, 1919, 1930, 1948, 1962 y 1968, además de intentonas golpistas en 1909, 1932, 1939 y 1948. En tiempos recientes, el “contragolpe” de 1975, la intentona golpista de 1976 y el golpe de estado del 05 de abril de 1992.

Por supuesto, los golpes o intentos de golpe siempre tuvieron defensores o detractores, casi siempre con la misma justificación a favor o en contra: por Dios y por la Patria. Se suponía que con el retorno a la democracia en 2001 la sociedad peruana aprendería las lecciones históricas, pero no. La intentona golpista del 07 de diciembre de 2022 lo demostró. Estamos retrocediendo a épocas donde las elecciones libres, las instituciones y el imperio de la ley sólo valen si están en función de algún planteamiento político o benefician a determinados intereses particulares.

Señalando excepciones, los sectores “de izquierda” condenan los golpes o las intentonas golpistas que no son de su signo ideológico, pero defiendan aquellos que sí lo son. De igual modo, exceptuando voces decentes, los sectores “de derecha” se rasgan la ropa condenando un golpe o intento de golpe de signo ideológico opuesto, pero justifican y hasta aplauden los golpes del pasado. Casi nadie pregunta: ¿para qué han servido tantos golpes o intentos de golpe en Perú?.

Como el sociólogo francés izquierdista Francois Bourricaud cuando preguntó durante su visita a Lima en 1968 al periodista Guido Chirinos Lizares si ese año habría o no otro golpe de estado y aquél le dijo que sí (antes de los comicios generales que se hubieran celebrado un año después), en este momento no puedo asegurar que no vaya a ocurrir un golpe de estado para impedir un “triunfo rojo” en las elecciones generales del siguiente año.

No soporto tanta hipocresía ni deshonestidad intelectual. Tener esta polémica “tu golpe, mi golpe” solamente es un indicador más que Perú se ha convertido en un país fracasado.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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