Una motivación constante en todos los comicios realizados últimamente en América Latina, además de los Estados Unidos, es el retorno al sentido común. Desde un sentido espiritual y filosófico, el sentido común son las creencias o proposiciones naturales y concretas lejos del rigor científico y toda clase de análisis críticos. Una antítesis del problemático pensamiento crítico.
Dos acontecimientos recientes en Perú demuestran la urgente necesidad de volver al sentido común: primero, el consorcio Rutas de Lima, que ha visto financieramente dañada su concesión vial como consecuencia de controversiales sentencias del Tribunal Constitucional y el Poder Judicial (tema aparte), anunció que cesará sus actividades el 02 de diciembre.
Rutas de Lima desea ceder temporalmente la operación, el mantenimiento y la conservación de las vías concesionadas a la Municipalidad Metropolitana de Lima. Más allá de escuetos comunicados afirmando que la comuna capitalina está lista para reemplazar a la concesionaria vial, no señalan cómo financiarán la operación, el mantenimiento y la conservación de esas carreteras. Fue muy fácil hacer demagogia contra el consorcio y a la hora de la verdad, mudez.
De acuerdo con expertos legales, aunque tenga problemas de solvencia financiera, Rutas de Lima no puede desentenderse de la concesión fuera de las causales señaladas en el contrato. Ni siquiera podría “devolver la concesión”. Por su parte, la Municipalidad Metropolitana de Lima tampoco podría cobrar los peajes (el real propósito para tanta demagogia) ni cuenta con el dinero suficiente en el presupuesto público. Entonces, ¿esas vías están condenadas al deterioro?. Fue muy fácil decir que los peajes no servían para nada y ahora de dónde saldría el dinero para la operación, el mantenimiento y la conservación de esas vías.
Otro ejemplo: el fin de semana pasado el “porno-filo” Presidente de la República concedió dos entrevistas. La primera entrevista fue a la periodista Milagros Leiva en el diario El Comercio y la segunda fue al periodista Humberto Ortiz, para la televisora privada Panamericana TV. Ambas entrevistas sirvieron para evidenciar que Su Excelencia no sólo es un improvisado (quiso posar de “firme” amenazando con asaltar la embajada mexicana en Lima y después su Presidente del Consejo de Ministros, el “fetichista de pies”, debió desmentirlo) sino que tiene serios problemas con su conducta sexual.
No obstante, estos entrevistadores fueron pésimos. En vez de preguntar al “porno-filo” Presidente de la República por los índices de criminalidad que siguen aumentando, Leiva le preguntó por un bailarín imitador suyo. En lugar de arrancarle declaraciones tajantes contra el putrefacto Congreso o preguntar sobre las acusaciones en su contra sobre desbalance patrimonial o violación sexual, Ortiz estuvo todo el tiempo “coqueteando” con él. Ninguno puso al entrevistado en aprietos. Los sectores “de derecha” que sostienen políticamente a Su Excelencia y el Gobierno interino están convencidos que si el “porno-filo” Presidente de la República es “popular”, sus candidatos presidenciales serán “populares” y el país evitará el “desenlace rojo”. Absurdo.
Los tiempos
presentes evidencian que, si los políticos desprecian el sentido común de la
ciudadanía, ésta los despreciará contundentemente en las ánforas.
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